Anual por Stan Lee y Steve Ditko

Los primeros 16 números de Amazing Spider-Man dan muestra del sólido trabajo del tándem Stan Lee/Steve Ditko al armarle una perfecta diégesis a Spider-Man en la que todo se desarrolla, aunque lentamente, sin dejar cuestiones al azar. Amigos, enemigos, aliados, antagonistas, todos tienen una razón de ser en esta historia iniciada en 1962 y que se sigue contando hasta nuestros días. Personalidades que se van puliendo, caminos del héroe (o del villano) que se van develando. No necesariamente todo esto está pensado para decantar en la historia a reseñarse el día de hoy, pero sí se puede dar fe que estas 41 páginas condensan a la perfección el incansable trabajo de los artistas.

El primer anual de la serie arácnida data de octubre de 1964, en el que se establece la primera formación de los Sinister Six, la unión de algunos de los villanos presentados hasta el momento. A lo largo del primer año del título, desfilaron la inmensa mayoría de los hoy clásicos enemigos cuyas habilidades, por más formidables que parecieran, serían superadas, a veces con cierta facilidad, por el joven Peter Parker. Por lo tanto, la idea del Doctor Octopus de unir fuerzas para poder derrotarlo definitivamente parecía una muy buena.

Dejando de lado una clásica aventura digna de la Silver Age (héroe pelea contra villano o villanos y resulta vencedor), son varias las cosas que se asoman en este número, y ciertamente a lo largo de esta primera etapa de Spider-Man, que marcaron a fuego la manera con la que Marvel Comics trató a sus personajes. Dándoles problemáticas acordes a su rango etario y por fuera de sus respectivos alter-egos superheróicos. A Peter no solo lo abruma derrotar a los seis villanos para salvar a su tía May y a Betty Brant, sino el rumbo que toma su vida y sus relaciones con las respectivas damiselas en peligro. El siempre latente temor del sobrino de perder a su único vínculo sanguíneo, siempre dispuesto a caer en graves enfermedades en el momento más incómodo, casi como si de un chiste de mal gusto se tratara. Por el otro lado, las primeras apariciones de la mítica “suerte Parker”, con las idas y venidas generadas entre la secretaria de J. Jonah Jameson y su compañera de curso Liz Allan.

También hay un gran conflicto con la confianza cuando a comienzos del número, Spidey pierde súbitamente sus poderes sin ningún tipo de explicación. Y así como se van, vuelven tras un necesario intento de tomar al toro por las astas y comenzar a enfrentarse a sus villanos, tanto personales como aquellos que visten ropas excéntricas y coloridas. Para Peter, la pérdida de su tío Ben es un reflejo de fracaso personal que le contradicen las inmortales palabras que, a futuro, le serían adjudicadas al occiso: un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Recordar cómo su propia arrogancia decantó en el asesinato de Ben le genera un bloqueo a sus funciones. Sin embargo, la necesidad de enfrentar a sus villanos (esta vez los de carne, hueso y arena) lo obliga a destrabarse.

Quizás esta problemática no tenga el desarrollo necesario para estos tiempos modernos, pero no se puede decir que no funcione a efectos dramáticos, disfrutamos ver al héroe alzarse victorioso, pero tiene un gusto extra verlo padecer su propia duda. Todo esto, o casi, un acto meritorio de la ágil pluma de Stan Lee, capaz de dotar a las figuras de una humanidad tan exagerada que termina siendo útil y hasta verosímil. Después de todo y conociéndola a través de las lecturas, no suena descabellada la idea de May sintiéndose cortejada por los pomposos modismos de Otto Octavius, casi como adelantando una trama futura. The Man podría pecar de soso, y más leyéndola con ojos modernos, pero es innegable que sus personajes funcionan y son creíbles, algo que no abundaba en las historietas de época.

Pero la persona que realmente se lleva todos los laureles en este número es Steve Ditko. Otrora factótum de Doctor Strange y reconocido por saber explotar los recursos narrativos de la grilla de nueve paneles, con un estilo más suelto, ágil y “realista”, que explica porqué es el dibujante idóneo para el personaje. En este anual, el artista se corre de su habitual puesta de página para probar un menor uso de cuadros (obviamente, todos ellos cargados con información), algunas puestas en un novedoso formato widescreen y, por supuesto, seis maravillosos splash pages donde da rienda suelta la elasticidad de sus combates, tal vez las seis páginas que llevaron a este comic a la gloria.

Los 38 fastuosos números que componen toda la etapa del tándem tienen, como es casi menester con esta época de Marvel, su polémica detrás que empañan su grandilocuencia. Ditko acusó a Lee de acreditarse como guionista cuando era él quien, además de dibujar, terminaba completando los plots más allá de las indicaciones del escritor, que solo ponía su pluma para los diálogos. Conocida es la historia del número 33, el final de la saga del Master Planner, en la que la presión del guionista para dialogar una secuencia originalmente muda terminó de arruinar la relación entre ambos artistas. Como fue dicho en su momento, y sin necesariamente silenciar una mancha negra en la historia, es necesario a veces, obviar estos conflictos para poder disfrutar obras que incluso hoy a más de 50 años de su publicación, siguen siendo modernas.

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