Green Candles: Trampas del inconsciente

Los primeros años de la última década del siglo XX daban cuenta de la independencia y madurez como signo de los tiempos en las historietas. Para 1993, DC Comics lanzaba dos imprints, Vertigo y Paradox Press, esta última una versión reformada de la extinta Piranha Press. La intención era simple: cada sub-sello daba cuenta de distintas variantes. DC continuaba con los superhéroes y Vertigo se encargaba de levantar las series apuntadas para los “mature readers” con historias fantasiosas y complejas. Paradox, comandada por Andrew Helfer y Bronwyn Carlton, tomó otro destino, historias carentes de elementos fantásticos o de ciencia ficción y más bajadas a tierra, pero con la mira puesta en el público adulto.

Dentro del subsello se armó la coleccíon Paradox Graphic Mystery, dedicada justamente a novelas gráficas de misterio y hard-boiled. Helfer convocó al novelista Tom De Haven, con una carrera basada entre los policiales e historias con ciertas referencias o influencias comiqueras, siendo obviamente la opción idónea para esta serie. Por el lado artístico está Robin Smith, británico con una larga carrera en la 2000 A.D. no solo dibujando a Judge Dredd, sino siendo director de arte del magazine antológico de la Fleetway. El escritor le presenta a Helfer tres ideas, y la elegida por el editor fue la novela gráfica Green Candles.

John Halting, detective privado tiene como tarea, muy a su pesar, ser el guardaespaldas de Grace Penny, que es amenazada por correo todos los días al recibir polaroids con velas verdes que se van derritiendo de a poco. Ella acusa a un ex-vecino de su infancia como el hostigador, ya que gracias a terapia logró recordar unos recuerdos reprimidos que involucraban al supuesto culpable y a sus propios padres como partes de una secta satánica. En el medio, Halting está investigando la desaparición del hijo del alcalde de la ciudad. Entre tareas, el detective lidia con sus problemas familiares (es padre divorciado), desilusiones personales y profesionales, y además la falta de algunos recuerdos de su vida como casado.

Además de ser una excelente novela gráfica, lo que destaca a Green Candles es su inteligencia. De Haven no solo hace una historia policial donde los cabos se resuelven recién en las últimas hojas del libro, dejando al lector preso de la lectura, sino que también es una historia personal y hasta casi intimista sobre el protagonista. A medida que sus casos van cobrando dimensiones y las pistas aparecen, el detective también va revisitando su propia vida personal. Destaco la inteligencia porque los casos se van uniendo pero no con una vaga idea del “todo tiene que ver con todo”, sino desde un costado más conceptual, el del olvido. Grace no recordaba la secta satánica, John no recordaba por qué se separó de su mujer, el hijo del alcalde huye para tratar de olvidar un incidente y casi todas las acciones ocurridas o por ocurrir, pasan por un filtro obsesivo sobre el “síndrome de memoria falsa”, tal vez el eje central de esta historia. De Haven también propone ese tema con un claro sentido: la denuncia sobre la estupidez de los medios de comunicación. Para cuando había comenzado a escribir la novela, el tópico del síndrome tuvo una fugaz pero intensa y controvertida aparición en diversos medios estadounidenses, gráficos y televisivos, algo que para cuando se publica Green Candles (originalmente en tres partes en 1995, luego recopilado en un solo libro en el 97), había dejado de suceder. Y uno de los puntos mas fuertes de la historia ocurre en un plató de televisión, donde victima y victimario se reúnen para discutir sobre el culto satánico que ella había visto.

También es destacable la figuración de Halting como detective, diametralmente opuesto a los tropos detectivescos que acompañan al género desde casi principios de siglio. Él no está seguro ni de su trabajo o habilidades, así como tampoco de sí mismo. Sin caer en misticismos, el personaje emprende un viaje personal donde busca de alguna manera quedar bien con Dios y el Diablo, al tratar de volver con su ex-esposa mientras lo vemos reforzar sus lazos con el alcalde, amigo de la infancia que, en plena toma de poder, se ve envuelto en cuestiones non-sanctas que, si bien no hacen a la obra, sirven para demostrar de qué lado está la moralidad de John.

El detective nunca es una persona apegada, sino más bien seria, adusta, cortante, pero este detective en particular, sin ser necesariamente una figura sensible, sí carece de la frialdad que uno esperaría ver. No hay femmes fatales, pero él trata de buscar el amor en las pocas mujeres que se le cruzan en el camino. De Haven sin embargo, cuenta en la introducción de la novela en formato libro que realizó un curso corto para ser investigador privado para (irónicamente) realizar una investigación más a fondo en las formas del personaje principal. Mucho del entrenamiento es notorio, sobre todo en la forma de hablar de Halting con respecto a su profesión, e incluso el autor cita una frase que aprendió en el curso.

Cuestiones de historia aparte, se nota que la mano que escribe proviene de un novelista. La narrativa es ágil, pocos cuadros por página y mucho diálogo. Los momentos mudos son breves, y funcionan para darle tensión a algunas escenas. Las transiciones entre las escenas se dan rápido, como si de una película se tratara. Todo bien llevado a cabo por Robin Smith, con un estilo realista y en blanco y negro que le queda perfecto al clima de la obra.

Paradox Press le dejó al público adulto una enorme cantidad de material que, por su actual status difunto y mezclado con el poquísimo interés que le despierta a DC Comics, de momento se vuelve complicado de conseguir el material, al menos por las vías legales. Lo cual es una lástima, ya que la línea Graphic Mystery (donde también se publicó A History of Violence de John Wagner y luego llevada al cine por David Cronenberg), y la mítica colección de los Big Books of, demostraron lo versátil que es el formato de historieta, muchas veces menospreciado. Green Candles es la prueba definitiva de esto, una novela que podría estar ubicada entre una de Raymond Chandler y cualquier otro experimento narrativo que mezcle textos y dibujo.

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