Diseccionando Ongoings: Thunderbolts de Kurt Busiek y Mark Bagley (Parte 3)

Último tramo del recorrido por la etapa de Kurt Busiek y Mark Bagley en Thunderbolts. Nuevos miembros oficiales, triángulos amorosos y una historia que parece no terminar en los 33 números que la dupla publicó hasta diciembre de 1999.

Los números 12 y 24 son muy importantes en la historia de los comics publicados mensualmente. El doceavo mes de impresión marca de manera decisiva el fin del primer año, el make-or-break de un título. El #24, lógicamente, anuncia el segundo; a veces ignorado, otras olvidado, pero casi siempre en pos de la mucha más redonda y significativa cifra de 25. Kurt Busiek no pasa por alto estas cosas, pero estuvo en una posición bastante cómoda como para tomar dos decisiones. Por un lado, cerrar su primera docena de Avengers con varios reencuentros y momentos personales en un extenso número aniversario que incluía también a los Thunderbolts. Se asume que el lector a bordo de las aventuras de los villanos saltó sin dudar a los Earth’s Mightiest Heroes apenas Busiek entró con su pitch a las oficinas marvelitas, pero no necesariamente funcionó así para ambos lados. Tom Brevoort literalmente se queda sin asteriscos para hacer el recuento de hechos convergentes en Avengers #12, mientras el guionista vuelve a dar su lección de historia habitual; cada vez más rica, necesaria y lejana. El editor intenta venderle al lector todo lo que se ha estado perdiendo de los T-Bolts y sus peripecias, mientras George Perez se desvive volviendo a dibujarlos como le habían encargado -por un par de páginas- en el Annual 1997.

Bajo el inmortal lema de no arreglar lo que no está roto, lo siguiente es otro clásico ejemplo de grupos confrontando para luego unirse ante una amenaza en común. Otra vez le toca a Hawkeye defender a sus protegidos contra la implacable ley del Capitán América y sus colegas, volviendo a utilizarse como modelo de villano reformado. La historia termina con el arquero rompiendo su credencial de los Avengers frente a todos, jugando todas sus fichas por los su propio conjunto en un voto de confianza total.

En el título principal todo continúa donde lo habíamos dejado: Mach-1 se entrega ante la ley, Charcoal se suma al equipo, y empieza la búsqueda por los nuevos Masters of Evil. ¿Y el número 24? Lo que en principio parece ser el ya mencionado “guardemos todo para el #25” es en realidad un muy inteligente issue de reorganización de ideas. El regreso del Citizen V original (o su nieta, más precisamente), ya recontado por Busiek y Bagley junto a los Kesel en el gran Captain America/Citizen V Annual, vuelve a ser un subvertir total de expectativas. Ya no hay lugar para la grandilocuencia y largamente gestados planes de venganza en el tramo final de su run, y el guionista logra resolver estos conflictos con total maestría. El #25, tal como se prometía, es otro número de 38 páginas de acción absoluta. Destacan la introspección de Meteorite, personaje que venía perdiendo terreno ante el carisma ilimitado de Clint Barton, y un plot twist tan divertido como previsible: Crimson Cowl no es otra que Dallas Riordan. Ante Atlas y su pedido desesperado por una respuesta, ella se niega a responder. “No. No obtienen nada. Eso es lo que se merecen”.

Continúa una historia de Mach-1 en la cárcel, contada por Joe Casey y Leonardo Manco. Poco se puede escribir sobre este número para hacerle justicia al nivel de arte presentado en el dibujo de Manco, de un contraste brutal ante los bookends de Bagley y trabajando en un registro donde tanto el estilo como la narrativa operan sobre lo sórdido. Muchas composiciones son explícitamente de secuencia a favor del relato (destacan las páginas de encierro, el juego de luces y sombras coloreado por Joe Rosas es de un nivel superior), mientras que otras conspiran hacia la belleza sin otro fin. Un excelente issue que vale la pena leer por dentro y fuera de la serie regular.

El título regresa a su programación habitual a partir del #27, un número que solo trae alegrías. Vuelven los cielos despejados, los amigos invitados como Archangel, dibujado como nunca por Mark Bagley y Scott Hanna, y héroes en la secundaria. Marca también el regreso de Graviton, nuevamente mostrando que el guionista cosecha lo que siembra y que el villano es un hombre de palabra, trayendo consigo todo un reino flotante de malhechores voladores. A esta altura se genera un juego de remates y repeticiones que dejan al lector preguntándose cuándo o cómo terminará esto. Para el #33 continuamos recibiendo información: nuevos miembros, nuevos misterios, nuevos set pieces de acción. Hay cosas que son preferibles no mencionar porque, tal como se sospecha en los números finales, no tienen un cierre real.

Quizás la metamorfosis esté completa en este punto, con los enemigos convertidos en héroes, tomando decisiones a futuro que poco tienen que ver con su vida anterior y un mañana lleno de aventuras que continuarán por años. Ya no se trata de olvidar las identidades o de borrar registros criminales, porque lo que los hizo especiales en el principio ahora desemboca en una cantera que ofrece tantas salidas como obstáculos narrativos. Fabián Nicieza fue el encargado de contar la historia de los Thunderbolts hasta el #75, comenzando en el #34, donde Kurt Busiek aparece en los créditos ya no como guionista, sino como un lector ansioso por lo que vendrá.

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