El Último Recurso, un cuento de navidad: los chicos malos volvieron al barrio

Un año después de haber publicado la ya consagrada primera parte, la dupla integrada por Lubrio y Kundo Krunch vuelve con su equipo parapolicial, digámosle, de seres un tanto particulares: El Último Recurso. De reciente aparición al público por parte de la editorial Libera La Bestia, esta secuela cumple su labor al subir todavía más lo alta que quedó la vara tras su primer libro. A partir de acá, una advertencia: la crítica menciona eventos sucedidos hacia el final de la primera aventura, por tanto, quedan advertidos en caso que aún no hayan leído el volumen anterior.

Ya advertidos, empecemos con la primera pregunta que le surgió al fanático de El Último Recurso al saber de esta continuación: ¿cómo sigue una historia que termina con casi todo el plantel muerto? Esto se resuelve de arranque: estamos presenciando una aventura previa narrada por el Chico Vómito, el único sobreviviente de la última misión. Pero el guion es inteligente, y no tenemos solamente un recap, sino que Lubrio aprovecha la situación y expande las historias personales de cada personaje y hasta muestra algunas puntas de la organización que los envuelve.

Como bien indica el título, esta historia/caso transcurre los días previos a la Navidad, tras advertirse el secuestro de varios universitarios con capacidades intelectuales altas. En el medio del caso, el grupo se topa con la noticia de una nueva integrante: Super Mamá, una superheroína que tras una tragedia personal, se retiró de la actividad, hasta ser reclutada por la agencia que regentea al Último Recurso, con intenciones de ubicarla nuevamente en su esplendor. Como es de esperarse, la misión se complica para el equipo entero.

Si bien estamos en el pasado, se avanza mucho con respecto a cómo funciona este mundo y sus integrantes. Por primera vez vemos al jefe de la Agente Prisca, lo que termina dando mayor tamaño a la organización, todavía misteriosa. Y también conocemos mejor a los héroes y sus motivaciones personales, enfocándose más que nada en la relación de Lars/Tumba y en la lideresa del grupo, que comparten destinos trágicos con respecto al paso del tiempo y hasta una relación afectiva dada por la necesidad, de golpe los más fuertes del equipo son los que más solos se sienten.

Lo más llamativo es cómo funciona este mundo por fuera de la agencia gubernamental. En la primera parte vimos una ciudad atemporal y anónima, y si bien estas características siguen vigentes, presenciamos a un árbol humanoide que en su pasado fue un ídolo juvenil (parodia a Palito Ortega y Johnny Tedesco), dando a entender que las anormalidades no son solo las del Último Recurso, sino que también son moneda corriente en la cotidianeidad. Y con Super Mamá, tenemos también la cara de una heroína con habilidades especiales que, tras un trágico accidente que desató su ira, representa(ba) lo opuesto a Prisca y los suyos, siendo una mujer sin deformidades y con superpoderes “convencionales”. Pero nada en este mundo está a salvo, y tras los hechos mencionados, termina cayendo en la desgracia personal, y en la desgracia de solo serle útil a esta organización secreta, de la cual descubrimos lentamente que sus intenciones están lejos de ser beneficiosas para el mundo, y que responden a una agenda personal.

Y así como Lubrio hace crecer este universo, Kundo Krunch reconfirma su puesto como el único dibujante posible para esta saga. Su estilo personal marcado a fuego con influencias de gente como Mignola y McKeever hace un maridaje exquisito para estos particulares personajes. Para una historia con tanta acción, el marplatense le imprime a los personajes un gran dinamismo y agilidad, todo acompañado de onomatopeyas que por momento toman el protagonismo de los ataques, generando una gran combinación.

La edición de Libera La Bestia completa el libro con unas fichas de información a lo Who’s Who con los nuevos personajes, ideales para saber más cómo funcionan las cosas en este mundo tan particular, y aquellos afortunados que compraron el comic por preventa, recibieron un one-shot con el origen de la Agente Prisca, con aún más revelaciones sobre este personaje y la agencia en la que participa. Un cuento de Navidad muestra una secuela que supera a su antecesora, una diégesis que continúa expandiéndose sin grietas y a una dupla que a cada historia se afianza con total seguridad y simbiosis. Todo condensado en 80 perfectas páginas.

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