El Cuarto Mundo (Parte 1)

El #133 de Superman’s Pal Jimmy Olsen fue el primero en ser escrito y dibujado por Jack Kirby. Sin saberlo, tanto Superman como los lectores dieron sus primeros pasos en el reino de una imaginación sin filtro. Un mundo subterráneo compuesto por rechazados y mutantes, mezclando oscuras conspiraciones con el olfato para la aventura del joven fotógrafo.

La selección de este primer título, elegido porque estaba disponible y el Rey no quería sacarle el pan de la boca a nadie, resulta tan rara como fascinante. Por un lado, la obra forma parte fundamental del canon “invisible” de Kirby: esos años de creación pura que son usualmente barridos bajo la alfombra y rescatados décadas después, él mismo siendo el propio editor de su inmensidad, armando un mapa donde la adición del todo otorga sentido a las partes. En otro orden, está la lectura del camino ascendente, donde resulta difícil encontrar un título más lejano de sus intenciones venideras (el comic spin-off del amigo de…) y que al mismo tiempo resulta el cheque en blanco más grande que pudo cobrar a nivel creativo. Basta revisar el issue previo a su llegada para encontrarse con algo a destiempo, sin ningún artista acreditado y con dos historias cuyo delirio ya marcaba el camino del vale todo.

El Jimmy Olsen modelo 1970 que preparaba el autor era uno impregnado por la juventud que el Kirby de 53 años encontraba fascinante, haciendo un juego con la Newsboy Legion que quizás busca empatar la dinámica con Peter Pan y los niños perdidos. Un líder joven que no llega a ser un adulto ignorable, algo en lo que el guionista y dibujante hace especial énfasis a la hora de representar personajes maduros. El caso más claro es Superman, interpretado muchas veces como un adulto inyectado de melancolía a lo largo de su obra. The Immortal Superman, tal como él lo representa en el primer número de Forever People, lo encuentra en un limbo existencial que no termina por decidir entre ser un Dios y ser una persona. Hay algo que quizás Kirby sienta más cercano, pensando en cómo él vio nacer al Kryptoniano al mismo tiempo que sus propias creaciones, mirando desde su tablero a dos compatriotas con su mismo origen y presenciando en tiempo real la devaluación del autor. Invita a preguntarse qué significa ese superhombre para Jack Kirby, oscilando entre el personaje que todo lo puede y un tipo que piensa en la batalla perdida de su doble vida. En la tapa del #133, Superman es aplastado por un grupo de motoqueros al mando de Jimmy Olsen, cover a la usanza del título: ambos personajes en un juego de gato y ratón constante e intercambiable, donde todo es un inocente malentendido a descifrar, pero cuyo shock value siempre vende. En las páginas interiores, el verdadero dilema que se le presenta a Clark Kent no es el de unos jóvenes barbudos y rebeldes. El periodista se ve obligado a trabajar para Morgan Edge, líder de una mega corporación y el nuevo dueño del Daily Planet, quien acaba de enviar a Jimmy en una peligrosa misión a The Wild Area (donde los Hairies, esos motoqueros de la tapa, son sus habitantes). Justifica su decisión diciéndole a Clark que “los Hairies no escuchan a nadie por encima de los 25”.

Los Hairies, el otro grupo de jóvenes aparte de la Newsboy Legion, son un pastiche de influencias donde convergen Woodstock, los Chicago Seven y todas las cosas que después seguiría explorando en sus títulos para DC. Esta sociedad es producto de experimentos genéticos y clonaciones, creando personas que superan al humano promedio en intelecto y espiritualidad. A pesar de esto, también consideran al retratista como su líder.

Aquí es donde empieza la clásica dificultad de Kirby para el orden. En la dimensión de la imaginación total -se recomienda leer New Jack City, la historia de Alan Moore en Supreme que mejor explica ciertos conceptos- el Rey empieza a tirar puntas que pueden o no quedar en el aire. Las páginas no le alcanzan para presentar su visión de un mundo eterno y maximalista, poniendo en la mezcla subtramas y personajes que no necesariamente serán retomados. Esto se puede leer de varias formas, tanto negativas como positivas, pero siempre en contexto de la creación. Tal vez lo más interesante resulte de pensar en esa parte hermética de su cerebro, la idea inalcanzable que nunca termina de expresar a pesar de haber puesto absolutamente todo en la mesa.

Toda esta expresión sufre un inconveniente irónico para la “nueva dirección” que tanto buscaba la editorial, debido a los evidentes retoques en los dibujos. Temerosos de lo que podía pasar con la recepción ante el cambio estético, decidieron darle rasgos más reconocibles para el núcleo de lectores: un Jimmy más cercano a su representación natural, el clásico Superman de gesto apolíneo y otras intervenciones que generaban un efecto de disparidad arbitraria en las páginas. Lejos quedaba lo bello de las angulaciones faciales y el dinamismo de los cuerpos, en un intento perverso por unificar cualquier cosa que destacara por distinta.

El mundo salvaje de Superman’s Pal Jimmy Olsen es huésped de montones de conceptos rescatados décadas más tarde por autores que lo idolatraban. La idea principal de Kirby es la de un hombre común en circunstancias totalmente ajenas, donde incluso el propio Superman se ve agobiado varias veces por las extremas situaciones, logrando poner a ambos como hombres de acción ante fuerzas inexplicables. Una serie cualquiera en el límite de su bienvenida acaba siendo la raíz de un universo que, como Jack Kirby siempre ha probado, fue demasiado grande para fallar.

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