El Cuarto Mundo (Parte 2)

Cuarto Mundo New Gods Jack Kirby

En marzo de 1971 se conoció la muerte de los Viejos Dioses, la cual dio lugar a la llegada de los New Gods con título propio a cargo de su propio artífice, Jack Kirby. Luego de vaticinar algunos de estos personajes y de su historia en su paso por Superman’s pal Jimmy Olsen, llegó la hora de desplegar toda la capacidad creativa del autor en un viaje hacia lo profundo del cosmos, donde asteroides gigantes actúan como prisión de criaturas titánicas y las onomatopeyas ¡Ping! ¡Ping! ¡Ping! podrían significar la diferencia entre la vida y la muerte.

Pocos pueden empezar el primer número de una serie con un epílogo. Sí, no es un error tipográfico o gramático, los New Gods de Jack Kirby comienzan con el final de la mitología como la conocemos. La conclusión del mito del héroe moderno que da paso a las nuevas generaciones. No es casualidad que la primera página de la historia esté repleta de guerreros medievales batallando contra unas huestes sin nombre cuyo enfrentamiento culmina con absolutamente todo, evocando a la figura del Ragnarök nórdico. Es que originalmente el Rey pensó este proyecto como un renacer del título de Thor, cuyos diseños de personajes para esta nueva era quedaban a medio camino entre sus conceptos originales. con armaduras y ornamentos antiguos decorados con piscodélicos colores que auguraban un cambio de era ya desde lo estético.

Pero Kirby necesitaba ir un paso más allá. No cambiar el concepto de la mitología sino crear una nueva, producto de la hibridación de conceptos y nombres de varias religiones, siempre en un plano de maniqueísmo influenciado por su propio credo. El elemento que dará forma e imagen a este nuevo mito es la tecnología, imposible de separar al definir a las figuras mitológicas ya que sirve como instrumento catalizador de su divinidad. En las primeras páginas del debut, sobre los conceptos primordiales de esta epopeya, el artista recuerda e introduce algunos de ellos en una seguidilla de diálogos cargadísimos de información. Sí, se habló incontables veces de la incapacidad de Jack para imitar con eficacia a su ex co-equipper Stan Lee a la hora de la exposición. Pero la realidad es que la potencia de las ideas es lo que hace que uno pueda llevar adelante la historia, sin tener en cuenta la dialéctica gráfica tan característica de su creador.

Mitología, divinidad, omnipotencia y omnisciencia, ideas que Jack condensó en historietas con el estallido del lápiz que lo caracteriza. Sean rayos cósmicos, entes que devoran planetas o, en este caso, titánicas paredes que delimitan las dimensiones del universo, su fuerza creativa en constante ebullición. Reutilizando o reversionando ideas de sus lecturas o aprendizajes de la vida, siendo su vida como judío su vínculo más cercano a la idea de Dios. Aunque el King nunca fue de sobrecargar sus obras de referencias a su credo, apenas bastaba con que Ben Grimm compartiera su religión, lo cierto es que resulta imposible apartarlo de ella, tanto a nivel personal como creativo. Quizás algo tenga que ver con que sus padres decidieron llamarlo como uno de los tres profetas más importantes de su fe.

En este caso, a Kirby parece importarle menos el ser tan evidente con los orígenes de sus ideas, tanto en sus reminiscencias a Thor como en algunos de los vínculos de esta obra con el judaísmo. El caso más evidente es en el séptimo número, cuando el artista detiene toda la trama principal para contar los orígenes de la guerra entre New Genesis y Apokolips, siendo Highfather el símbolo más evidente. Si uno tiene o tuvo algún tipo de vínculo con el Antiguo Testamento, es muy probable que la primera imagen que se le viene a la cabeza al ver a este personaje sea la de Moisés y sus tablas con los testamentos. Todo se vuelve más evidente aún cuando en el issue en cuestión se conoce su identidad previa: Izaya, otra manera de pronunciar Isaiah o Isaías, otro de los profetas más importantes de Israel. Lo curioso es que sus registros bíblicos están marcados por un quiebre que divide sus dos facetas: la poética y la teológica, similar a la transformación que atraviesa el nuevo dios. Este último adquiere una nueva identidad para salvaguardar a su pueblo, en un relato que sirve como referencia directa al encuentro entre Moisés, quien también pasa por un cambio de identidad, y Dios (o Yahvé) quien se le aparece al príncipe devenido en pastor como una zarza ardiente.

Luego del primer descargo de información en el primer número, comienza la misión del protagonista de este título, Orión. Un personaje que canaliza perfectamente la principal influencia religiosa de Kirby, aquel que se bate entre el bien y el mal, siendo hijo por naturaleza de Darkseid (quizás símbolo del pecado original), y por nurtura de Highfather. A lo largo de su periplo, el enviado por la manifestación del destino conocida como The Source actuará como el catalizador para uno de los conceptos más tocados por el autor: cuando Dios (o la manifestación de él) se encuentra con la humanidad, el choque entre lo divino y lo mundano más concentrado en los efectos que generan en el primer bando que en el segundo. Aunque tampoco es que estos encuentros son muy aprovechados en lo que respecta al guion, la realidad es que esta serie funciona como una guía básica del conflicto trasversal de toda la saga del Cuarto Mundo. Cada revista cuenta en sus 22 páginas nuevos detalles, personajes y sociedades que enriquecen viñeta a viñeta la cosmogonía y el aspiracional de su creador para con sus dioses. Si bien los conflictos pueden resolverse de forma similar, parecerse entre sí o carecer de una doble mirada para ser pulidos, poco valen las críticas a la hora de medir el impacto y potencial para la creatividad que devino años más tarde como consecuencia de estas revistas.

Lamentablemente el título insignia de su saga más ambiciosa no tuvo las mismas repercusiones a nivel ventas que a nivel artístico. Con apenas 11 números, la quest de Orión debió quedar inconclusa por un largo tiempo. No fue hasta 12 años después de su último capítulo que la editorial apostó una vez más por los New Gods con la posibilidad de republicarlos en una miniserie favorecida por el formato Baxter, el cual también le permitió incluir un cliffhanger para el verdadero final. El propio Jack Kirby puso un punto final definitivo a la saga en The Hunger Dogs, una novela gráfica que sería el último aporte canónico, si es que uno puede establecerlo a esta altura, del Rey a este mito. Uno que hasta el día de hoy continúa reformulándose en intentos que, en su mayoría, mantienen el respeto por su creador y logran canalizar esa energía creativa en distintos aspectos de esta infinita cosmogonía.

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