El Cuarto Mundo (Parte 3)

“The dream is over” es la frase con la que cierra la canción God de John Lennon. Una declaración de principios que, si bien se refería más a la reciente (al momento de publicarse la canción en 1970, en el disco Plastic Ono Band) separación de los Beatles, cobró una resignificación posterior, relacionándose con otros eventos culturales sucedidos en el momento. Para muchos, los crímenes del clan Manson y los incidentes violentos en Altamont durante un recital de los Rolling Stones, marcan el fin del hippismo, otro fin del sueño. Ideales pacifistas y de amor libres manchados por sangre y eventos exagerados de manera sensacionalista para detener cualquier ideología rupturista dentro de un país conservador que perdía una guerra clave en Vietnam. El sueño terminó, pero perduró al menos por once números a lo largo de 1971.

Forever People fue el segundo título de la saga del Fourth World, el magnum opus de Jack Kirby para DC Comics, periplo que había comenzado a finales del año anterior tras extenuantes negociaciones entre Jolly” Jack y Carmine Infantino, el jefe de coordinadores de la Distinguida Competencia. Si bien el inicio del artista comenzó en octubre del ’70, fue en marzo de 1971 cuando la saga cósmica comienza con tres nuevos títulos, los cuales expandían el lore que involucra a New Genesis, Apokolips y su milenaria guerra que tomaría al planeta Tierra como campo de batalla. Los denominados Forever People son una versión libre y hasta algo anticuada pero no prejuiciosa de los hippies. Estos jóvenes Nuevos Dioses de andar despreocupado (en contraposición a los adultos del título con el mismo nombre) tienen como misión ganarle terreno a los esbirros de Darkseid.

Y esa misión también involucra uno de los MacGuffins más importantes de las historietas desde su presentación: la ecuación anti-vida, un “arma” que, en las manos del tirano, funcionaría para doblegar a todo ser viviente. Si hay algo que define al Cuarto Mundo en general, es la cuestión de la toma de poder, sus causas y consecuencias, y hasta dónde puede llegar uno para conseguir esa posición, lo cual muestra por qué estos temas funcionan al ser abordados por los Forever People. Así como en New Gods la posta está tomada por Orión, hijo del villano y guerrero nato, quienes lideran esta misión son pacifistas que no tienen deseos de “tomar las armas” para conseguir la victoria. Tienen que pelear para derrotar a los villanos importados de Apokolips, sí. Pero no es lo que buscan como una primera y obligada opción.

Y de poder también se trata esta obra. Se hace evidente la posición de Kirby, un anti-nazi que fue partícipe en la Segunda Guerra Mundial y que solía “presumir” de haber asesinado a algunos en el campo de batalla (queda en cada uno si elije creer en el Rey o no), sobre la megalomanía en el tercer número. En el mismo, se da la presentación del villano Glorious Godfrey, acompañada con una cita del genocida Adolf Hitler. Godfrey, tiene a su favor la habilidad de la persuasión, de manipular a las masas que, en primer lugar, son secuestradas violentamente con ayuda de los Justifiers. Alegorías al nazismo y al pastor evangélico Billy Graham, que utilizaba discursos terroríficos para tratar de “evangelizar” a las masas. Otra muestra de poder, en este caso el monetario, es reflejado en el villano “Billion-dollar” Bates, quien también representa los efectos negativos de la ecuación anti-vida, al poder doblegar a cualquiera que esté en frente suyo, tras una ayuda/engaño de Darkseid.

Si bien al Kirby solista se le puden criticar muchas cosas, es innegable el alto nivel de inventiva que siempre presentó. Solo en el número uno, presenta los ya míticos Boom Tubes, esta forma de traslado que utilizan en New Genesis; los Rayos Omega, el arma secreta y “letal” de Darkseid; y tal vez el objeto más complejo de los desarrollado por el Rey: la Mother Box. Una tecno-versión de la “madre tierra” si se le quiere añadir más hippismo, una computadora con vida -como la define Vykin– con múltiples habilidades beneficiosas para los usuarios. Desde convocar los Boom Tubes, sanar heridas y para los héroes, lograr convertirse en una única personalidad, el Inifinity Man, superser de habilidades variadas y superadoras cual deus-ex-machina.

Pero no todo es color de rosas dentro de esta saga. Una de las exigencias de Kirby al momento de firmar el contrato con DC Comics, era la posibilidad de tener control absoluto en sus títulos, algo completamente inédito en una empresa que apenas unos años antes no solía acreditar a los laburantes. Entonces, al ser dibujante, guionista y editor, no tenía quién le sostuviera las riendas en caso que fuera necesario. Por supuesto, Infantino accedió a darle el poder, pero con la “mínima” condición de alcanzar el mismo nivel de ventas del título ganador por excelencia (Superman en ese momento). Por supuesto que nunca llegó el éxito monetario aunque sí de crítica, pero no alcanzaba. Trató de remontarlo con un cruce innecesario con Deadman que ocupó dos números, alejando a los personajes de la “historia lineal” y los ponía como un título más de superhéroes dándose masa contra villanos.

Y tal vez el problema que más afectó a la saga en general, fue justamente la falta de solidez en la “historia lineal”. Se presentaban los conceptos y los conflictos a resolver, pero por momentos el camino a seguir se disuelve entre aventuras unitarias que no arman un lienzo único, este se va armando a los tropezones donde algunas ideas aparecen pero son olvidadas o descartadas de un momento a otro. Un ejemplo de esto último ocurre al final del primer número, cuando hace su aparición Superman con la polémica cara redibujada para que se parezca más al estilo de Curt Swan sin rastros kirbyanos. El héroe interviene un tanto abatido por sentirse solo en un mundo ajeno, y donde cree que puede encontrar su lugar entre los Forever People y su fantástica Supertown. Una alegoría sobre los jóvenes que huían de sus hogares para vivir en comunas, lejos del american way of life. Por supuesto que esto quedó solo en un remate y nada más, sacándonos las ganas de esperar algo más de esta ciudad. La cruda forma de narrar del Rey alejó un poco a los lectores que lo seguían desde Marvel, esperando que ocurra la misma magia que en los míticos títulos de la Silver Age, pero obviamente al maestro le hacía falta la mano escriba de Stan Lee.

Obviamente estas falencias no se hicieron esperar, y los dos títulos principales (este y New Gods) serían cancelados en el onceavo número, dejando a los personajes con un cliffhanger que se resolvería diez años después. Pero esa es una historia que ya hemos contado en este sitio.

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