Las escenas del crimen de Sean Phillips

Sleeper Sean Phillips

La identidad visual es una meta a la que muchos artistas buscan llegar de distintas maneras. Mientras que algunos lo logran gracias a un particular estilo pictórico, otros se destacan por su ritmo de lectura marcado por una disposición de viñetas singular. Una suerte de dicotomía estilo/sustancia que generalmente impacta por lo primero y se sostiene gracias a lo segundo. Sean Phillips es un artista que logra impactar y fidelizar al lector nada más que con el segundo apartado en una de sus primeras colaboraciones con el guionista Ed Brubaker.

Adaptabilidad es una palabra que podría sentarle más que bien a un dibujante como Phillips. A lo largo de su carrera, su lápiz pasó por toda clase de mercados y revistas que lo obligaron a adoptar distintos lenguajes viñetísticos para poder estar a la altura de las circunstancias. Ya sea en una periodicidad semanal en revistas británicas, comics superheroicos de todo tipo, adaptaciones de películas o series, y policiales, rubro donde hasta el día de hoy continúa trabajando en su férrea y fructífera relación con Ed Brubaker. En esta última etapa, existe un título en específico en el que su narrativa adopta una identidad distintiva que logra una suerte de sincronicidad con el género y la dialéctica gráfica.

La primera página de Sleeper funciona como una suerte de declaración de principios. No solo por los claroscuros, en lo que al color y sombras respecta (cuestión estilística que se destaca pero no es el centro del artículo), ni tampoco por la presencia de las fuerzas de seguridad y el cadáver de un superhéroe, elementos que implican a los enmascarados y el crimen como elementos transversales de la trama, sino más específicamente por la disposición de viñetas. La lógica que regirá las páginas de aquí en más será la de una escena del crimen, un espacio en el cual el lector irá recogiendo elementos que le permitirán leer e interpretar cómo se desencadena la acción.

En el primer ejemplo, es muy clara la presencia de un panel central que dicta la lectura y secuencialidad del resto. Una imagen a la cual podríamos catalogar de “cuerpo”, ya que a partir del mismo se reconstruirá el resto de la escena. El protagonista, Holden Carver, oculto entre sombras y espiando quiénes están detrás de su rastro. Debajo de la ventana, en una decisión narrativa intachable, el dibujante detalla a sus perseguidores, tanto la Policía como los héroes, elementos que integran este crimen narrativo, en el mejor sentido posible, para comprender el mundo habitado por los personajes. Pero aún falta un elemento, algo que cierre el círculo de este “homicidio”, la pieza final de este rompecabezas es el cadáver en la parte inferior izquierda. Este “arma” perteneciente al homicidio se desprende del “cuerpo” y es separado adrede para potenciar su impacto, el escenario del crimen está completo y el detective/lector puede continuar con su jornada en la siguiente página, invitado por la última viñeta.

La “escena del crimen” es una ecuación que se repetirá constantemente a lo largo de la obra. La ubicación de los elementos que la componen está dictada por una imagen central cuya información se completa gracias a la geografía de los paneles que uno lee mientras recorre la página. Y la clave de esta narrativa se centra en este último elemento, la disposición, ya que, en una primera mirada, cada cuadro parece desparramado por la página. Casi como si de un verdadero homicidio se tratase, con el arma, las balas, huellas y demás pistas alojados a lo ancho del escenario donde aconteció el mismo. A pesar de la constante repetición, el recurso parece no agotarse en las manos de Sean Phillips. Su utilización cambia según el objetivo narrativo que tenga el artista, ya sea establecer un nuevo escenario, mostrar la relación entre personajes, una pelea o una discusión, las variables cambian y se mimetizan con la finalidad de la página.

phillips-sean

Los “cuerpos” pueden también variar de tamaño, estar partidos al medio o incluso haber más de uno. Por otro lado, el orden de los rastros sí altera el producto, ya que a veces están desparramados por la página mientras que en otras se encuentran más ordenados, tomando formas de grillas clásicas historietísticas o manteniendo una secuencia menos caótica y más cuidada. Las variables adquieren valores distintos para las escenas y si los mismos se repiten, forman parte de una lectura en la que no han tomado parte aún. La cadencia también juega un rol esencial para el Phillips “criminal”, el ritmo se establece gracias a la cercanía de las “pistas” con el elemento primordial de la página, estableciendo así una narración que también varía según el tiempo que uno demora en realizar el peritaje.

El objetivo de estas palabras no es minimizar la responsabilidad de Brubaker ya que sin su voz en off y una mezcla entre la sugerencia y el “dejar actuar” en su escritura, definitivamente estaríamos ante secuencias totalmente distintas. Pero el manejo de los elementos visuales y su dialéctica para con la historieta, es una virtud narrativa que es en gran parte mérito de Sean Phillips, tanto por la idea que ordena el recurso como por la impecable implementación del mismo de manera continua y sin señales de agotamiento. El planteo visual impacta y también hacen de uno un reincidente en la misma.

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