Diseccionando Ongoings: Madman Comics de Mike Allred (Parte 1)

Para este momento de la historia, Michael Allred es uno de los artistas más consagrados del medio con participaciones, un tanto esporádicas pero muy celebradas por el fandom, en las editoriales más importantes. Pero para llegar a la consagración, el autor integral primero militó en la alternatividad con conceptos alocados que funcionan como homenajes a la Silver Age en contraste a una época donde dominaba la hiperviolencia. Y tras una breve carrera en diversas editoriales pequeñas, en 1994 desembarcó en Dark Horse Comics con su idea más celebrada: Madman.

Originalmente el personaje tuvo una apración prototípica en 1990 en la revista Creatures from the Id de Caliber Comics, y de ahí pasó a Tundra Publishing en 1992 con una miniserie prestige de tres partes rebautizada The Oddity Oddisey en su recopilación. Estos tres números a blanco y negro comenzaron a establecer a Frank Einstein (doble homenaje a Frank Sinatra, Albert Einstein y al monstruo de Frankenstein) tal como es conocido este cadáver reanimado, y su peculiar universo. El éxito permitió que al año siguiente, en Kitchen Sink, se produjera otra miniserie de tres números llamada Madman Adventures, esta vez a color. Nuevamente el éxito permitió que Allred pasara a Dark Horse, donde en abril de 1994 sale el primer número de Madman Comics.

Madman Comics duró 20 revistas, la serie más longeva del personaje, y en esta primera parte nos vamos a enfocar en los primeros diez números, que también suponen una diferencia argumental con respecto a la segunda mitad. Mientras que los números 11 a 20 concentran arcos argumentativos serializados, estos primeros 10 issues son historias unitarias (exceptuando dos) que, de todas maneras, continúan cierta lógica argumental, avanzando en las puntas que habían quedado sueltas en Madman Adventures. Al igual que la serie anterior, esta es a color, trabajo realizado por Laura Allred, esposa de Michael y su eterna colaboradora.

¿Qué ocurre entonces en estas diez revistas? La trama gira en dos puntos que se resolverán en los números siguientes: la identidad real de Frank (a quien jamás le dicen Madman a lo largo de los 20 números y el nombre queda solo para bautizar a la revista) y la salud del doctor Egon Boiffard, su “creador”. En el medio, tiene que resolver conflictos con diversos robots con conciencia propia creados por el colega de Boiffard, Gillespie Flem, que van apareciendo a lo largo de la historia. La primera punta de la historia se desarrolla con la aparición de los robots de Flem, sobre todo con uno denominado Astroman, que posee en su base de datos un back-up completo de las memorias de Frank, inclusive su vida previa a ser un “John Doe” (el Natalia-Natalia norteamericano).

Por otro lado, Boiffard, quien ahora aparece convertido en una masa deforme debido al abuso de drogas para aumentar su capacidad craneal, es secuestrado y movido de acá para allá por diversas organizaciones que buscan un propio rédito por sobre el conocimiento del doctor y su habilidad para “dar” vida. En el medio se expande más la mitología del personaje, al aparecer la organización secreta Third Eye, que tendrá mucha relación con el origen real del protagonista, y se incorporan más elementos sobrenaturales como la aparición esporádica de un demonio con varios ojos que clama a Frank como “uno de Los Tres”.

Si bien los veinte números arman una saga que termina más o menos de forma redonda (más sobre esto en la próxima entrega), cada issue culmina con una historia resuelta, dando paso a un cliffhanger en la última página, para anticipar lo que ocurre en el próximo número, o comenzar abruptamente en un lugar distinto al que los personajes se encontraban al final del episodio anterior. Para el número 2, Madman Comics comienza a publicarse en el imprint Legends, coordinado por John Byrne y Mike Mignola. Este segundo hogar propició cruces con otros personajes estrella del sello, tales como el Hellboy de Mignola mismo (número cinco) y el Big Boy de Frank Miller y Geoff Darrow (números seis y siete).

Hay una pregunta que siempre surge al momento de comentar al personaje, o catalogarlo incluso: ¿es Madman un superhéroe? Y, ciertamente él, su historia y sus aventuras tienen un cierto contacto con el género, pero queda claro que estos elementos oscilan entre el sentido homenaje hacia una época y la parodia, algo inocente por momentos. Frank tiene una gran agilidad y uso corporal que superan la media, además de poseer habilidades precognitivas, como elemento sobrenatural (dejando de lado el hecho de ser un muerto vivo), y utiliza algunos gadgets para combatir “el mal”, pero no es que viva combatiendo al crimen capítulo a capítulo. Encuentros con fuerzas antagonistas los hay, pero él elige como primera medida, evitar cualquier confrontación con puños y patadas, este recurso lo utiliza solo cuando no le queda otra, el punto perfecto en el que el homenaje a la Silver Age se despega y da paso a la parodia, sobre todo cuando utiliza un arma que dispara tazos de plástico para lastimar al enemigo.

Hay un complemento en el que la locura general que tiene el título es muy autoconsciente, algo que quizás no ocurría en tiempos pasados, cuando las obras apuntaban a un público menor de edad que, en pos de hacerle las cosas simples, les otorgaban un delirio sin pies ni cabeza. Acá todo tiene una razón de ser, pero está puesto de una manera frenética, como queriendo ser algo de una época pretérita aunque con la frescura propia de finales de los ’90. Allred utiliza los elementos clave que hacían a la historieta de superhéroes pero para desenmascarar lo ridículamente naif que eran. Sin embargo, la óptica adulta que utiliza no pertenece a la de aquellos que optaron por separarse de ese estilo con ultraviolencia, sino más bien es una óptica propia de alguien que disfruta de ese período y trata de hacer algo moderno con algo que a la distancia huele fuerte a naftalina.

También es notorio el clima altamente intimista que hay en la historieta, basado en la relación romántica de Frank y Joe. Para él, Joe (Josephine de nombre completo) es todo, y está por sobre todas las cosas, y viceversa. Ella por su lado no está hecha para funcionar como damisela en peligro, menos que menos una “chica de heladera”, demostrando una valentía que sobrepasa a la de su pareja, sobre todo cuando éste no busca el conflicto. Entre los dos se sostienen, sin que haya un desequilibrio donde uno es más que el otro. En cuestiones de género, Madman Comics tiene una mirada poco falocéntrica del superhéroe, que si bien esto no lo convierte en una historia feminista, al menos logra un gran avance en comparación con la figura del super-macho con armas gigantes que tanto abundaba en la década.

La mención al pasar de la Silver Age es adrede, ya que es conocida la afición de Michael por esa época comiquera, pero el artista aprovecha para mostrar que su obsesión con los años ’60 no se queda solo en los cómics, sino en varias corrientes artísticas, como la música por ejemplo. El primer número presenta al alien Mott del planeta Hoople (homenaje a la banda Mott the Hoople), los hermanos cirqueros que aparecen en los números 3 y 4 llevan por nombre a los cuatro integrantes de The Who, además del apellido Bewlay (Bewlay Brothers, canción de David Bowie). Por fuera de estas referencias musicales, el noveno número es una parodia a la película de Jack Arnold, The Incredible Shrinking Man (1957), incluyendo una pelea con una araña gigante. En otra sintonía, hay un despliegue paródico pero no humillante de las contraculturas, al incluir una pandilla de beatniks (que años después se convertirían en The Atomics) y a un agente asiático del Third Eye, quienes hablan con poesías inconexas. Y la relación comiquera más obvia está en el robot Astroman, cuyo nombre y diseño hacen un llamado directo a la creación máxima de Osamu Tezuka.

Y por supuesto, el homenaje más evidente es el que reside en el dibujo. Si uno compara a Allred con quienes eran sus compañeros dentro de Dark Horse en ese momento, o incluso con otras editoriales, se ve a un artista que está fuera de su tiempo. Las historias poseen una agilidad asombrosa, llevada a cabo mitad por las puestas en páginas con pocas viñetas y por el dibujo suelto armado con trazos redondeados y bien gruesos, tan característicos del dibujante que pese a esto no escatima en detalles, y hasta pela un fino diseño retrofuturista con los diversos robots que aparecen a lo largo del título. Y por supuesto, todo esto funciona a la perfección gracias a Laura y su paleta de colores estridentes a lo pop-art, que es tal vez aquello que los cómics originales de los ’60 jamás pudieron tener debido a las limitaciones tecnológicas.

Si bien el matrimonio Allred se encarga por completo del arte, la contratapa de las revistas originales ofrecían un “Picture Exhibition” donde la crème de la crème comiquera pasaba a dejar un pin-up celebratorio. Los diez artistas que aparecen en estos primeros diez números son, en orden de publicación: Miller, Mitch O’Connell, Alex Toth, Dave Stevens, Kevin Nowlan, Bruce Timm, Darrow, Peter Bagge, Paul Grist y Alex Ross. Además, O’Connell, Darrow y Ross colaboraron en el diseño de portada de los números cuyos pin-ups aparecen.

(El mes que viene, la segunda y última parte)

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