La Navidad según Paul Jenkins y Paul Pope

Navidad Paul Jenkins Paul Pope

Publicada en el primer Vertigo Winter’s Edge, antología navideña del subsello de DC, esta historia corta escrita por Paul Jenkins e ilustrada por Paul Pope relata el encuentro entre John Constantine y un agradable desconocido en vísperas de Navidad. Ubicada en un especial que contaba con todo un equipo de artistas insuperables, “Tell Me” logra destacar por su honestidad y belleza.

Vertigo Winter's Edge Paul Jenkins Paul Pope

Pasado un quinto de siglo y teniendo a mano el contexto, se podría decir que a Paul Jenkins nada le vino de arriba. Comenzando en el #89 (mayo de 1995), el inexperto guionista inglés se encontró con la ardua tarea de suceder al legendario run de Garth Ennis, un pequeño paso de Eddie Campbell, y hasta el regreso breve de Jamie Delano a Hellblazer. Sin que esto lo intimide, volcó sus obsesiones, experiencias y comentario social en el título, creando una dupla ideal junto a Sean Phillips. Quizás bebiendo de su experiencia como editor en Mirage y Tundra, Jenkins se valió de historias autoconclusivas escritas con el pulso seguro de alguien que conoce todos los trucos narrativos. Inaugurando su último año al frente, el escritor británico abrió su corazón en diez páginas memorables.

John Constantine y un fantasma entran a un bar. Rodeado por la miseria en las calles de Manhattan y agobiado por las efusivas reuniones familiares, el oriundo de Liverpool se resguarda en su lugar seguro. El fantasma, Theo, le cuenta su vida: trabajaba en una revista de música, conoció al amor de su vida y murió de cáncer a una edad temprana. Con algo tan simple como eso, el guionista resume toda una relación entre dos personajes y logra emocionar sin caer en el golpe bajo. Destaca sobre todo la narración, uno de los mayores fuertes del autor en la revista, esquivando aquí todos los sitios comunes en los que podría haber caído sin ese esfuerzo extra por generar empatía. Resulta increíble el retrato de la enfermedad, algo tan fácil de hacer mal y a la vez tan bien capturado en esta historia, que cualquiera que haya tenido que atravesar esa situación con alguien cercano sabrá darse cuenta de la clase con la que está escrito. 

Tal vez sea la falta de cinismo y artificio, inherente a algunas historias dentro de la colección, lo que la hace sobresalir. Basta revisar algunas para darse cuenta de lo sencillo que era encontrarse con estos tropos: las acotaciones sarcásticas de Rain Harper en el hilo conductor de “House of Secrets”, las mil pestañas abiertas de Milligan en “The Minx”, el delirio posmo de Morrison y Bond en la historia de “The Invisibles” que cierra el tomo (no podía ser de otra manera). Vale aclarar lo mismo para el otro lado y decir que ninguno de los relatos “honestos” deja de atravesar algún tipo de sufrimiento excesivamente real, otro tipo de afectación narrativa que comprende a la Navidad como una sucesión de padecimientos previos a cierta especie de confort. Lo de Jenkins no tiene maña, todo es tiernamente obvio y bienvenido para el trasfondo navideño. Apenas vemos que Theo se desvanece del bar, sabemos que su novia entrará por esa puerta y le pondrá fin a su duelo, porque ese es el orden natural de este tipo de historias.


Mientras tanto, las páginas de Paul Pope operan de la manera a la que nos tiene acostumbrados. Más restringido por la historia, más observador de las situaciones, un retratista bajado a tierra y alejado del dibujo ágil de ángulos imposibles. El descubrimiento ante un lapicista que debe despojarse de ciertas florituras y reducir su velocidad. Esto resulta en momentos pausados, en transiciones brillantes -el primer encuentro entre los protagonistas, cuya viñeta panorámica es separada por un gutter que genera un indicio del personaje fantasma- y en elementos que se reintegran constantemente a la trama.

Paul Pope Hellblazer

Dentro del primer tomo de Winter’s Edge se encuentra una alineación de bestias. Desde la tapa de Brian Bolland avisan que será un desfile de artistas irrepetible, pero lo que no anuncian es el cuidado que le darán al color, tal es así que ningún colorista aparece en los créditos de la portada, más una cuestión de espacio que otra cosa. Algunos sorprenden: Bjarne Hansen dando atmósfera a John K. Snyder III y la paleta estridente de Kevin Somers en los dibujos de “The Minx”, dos ejemplos representativos del espectro artístico en Vertigo por aquellos años. Otros recurren a su marca indeleble, como las pinturas de John Bolton y el estilo inconfundible de Teddy Kristiansen. Llegado el momento de “Tell Me”, llama la atención un cambio radical de la mano de Matt Hollingsworth: una frescura que realza la primera viñeta, tal vez la más adusta del dibujante, con una noche aguamarina que contrasta con los marrones y ocres típicos de un interior navideño. A eso le suma el amarillo como señal del final, una jugada narrativa que resume en un panel todo el valor emocional de la obra.

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