La adultez según Osamu Tezuka (Parte 7)

Como saben, las obras que elegimos reseñar del Manga No Kamisama son representativas de un período oscuro y depresivo, que en su gran mayoría, si no todas, reflejan la degradación humana. Sin embargo, y si bien Tezuka siempre tendió a exagerar el tono de sus historias, añadiendo elementos de ciencia ficción y fantasía, estas historietas no tienden a virar hacia el género de terror, si bien a veces hay elementos que se pueden catalogar como tales. La excepción de la regla, como siempre y de todas maneras, existió entre 1969 y 1970.

Za Kureta (The Crater) es una recopilación que junta 17 obras autoconclusivas del Dios del manga publicadas en la Weekly Shonen Champion entre agosto del ’69 y abril de ’70, años donde, como repetimos siempre, el trabajo del ídolo fue desmedido y sin bajar en ningún momento la calidad narrativa y artística. Cabe destacar, la Shonen Champion publicada el 10 de agosto del ’69 fue el primer número de la revista antológica, siendo el segmento de Tezuka el inaugural. La cual también será hogar, a posterior, de Alabaster y Black Jack entre otras obras.

Tezuka supo decir de esta antología que su intención era explorar la mente humana, contando historias que de alguna manera reflejen lo que ocurre en el alma y los corazones de las diversas personas que habitan la Tierra. Pero esto, que puede sonar algo optimista, ¿qué tiene que ver con el terror de Za Kureta? El maestro habla efectivamente de lo que ocurre en la mente de los personajes principales, pero no la pasan bien. No abundan las historias con final feliz, y todas recurren a elementos sobrenaturales completamente disruptivos, valiéndose de una narrativa propia del programa de televisión sci-fi por excelencia, The Twilight Zone, donde dentro de un ambiente fantasioso se baja una línea de manera similar a una fábula: alguien hace algo malo y al final termina pagando por su crimen y aprendiendo una lección… En el mejor de los casos. Por supuesto que también prima ese sentimiento de aventura que el autor siempre dejó bien en claro en sus obras, sin importar el tono y la onda.

Los personajes sufren las degradaciones nombradas arriba, en otras son unos simples desdichados que tienen la desgracia tatuada en la frente, signándoles la vida. Una persona indecisa entre ser un boxeador o un mangaka y que encuentra la posibilidad de elegir entre una vida u otra, un piloto de avión que sobrevive milagrosamente a un ataque pero que a sus superiores les servía más muerto que vivo, o un científico japonés que trabaja para los yanquis en un arma biológica. Ellos son algunos de los ejemplos que vemos en las historias, cuyas consecuencias son trágicas. El deseo y las necesidades humanas van a perder la pulseada contra la tragedia, porque de eso se tratan estas historias, y ese también es el terror que abunda en los protagonistas, más allá de algunas vueltas de tuerca retorcidas, que Tezuka dibuja de manera tan gloriosa como repulsivas.

De más está decir que muchas de las “enseñanzas” que quedan en cada obra no son positivas. El sufrimiento es palpable, hay más una sensación de derrota absoluta en los humanos, en el momento que uno desea algo para su bien, pero por supuesto, cuidado con lo que deseas, eso queda en claro en todas las historias. Perdedores hermosos, que buscan abrazarse como pueden a un ideal que, o es una mentira, una falsa ilusión, o simplemente algo efímero que no va durar mucho y que termina detonando un sufrimiento mayor.

Por supuesto que también hay momento para bajar línea, sobre todo en dos historias donde el protagonista es el autor mismo, como siempre bajo la presión de algún superior. En la primera protagonizada por él, Three Invaders, tres alienígenas que buscan conquistar la Tierra devoran la mente del mangaka para terminar asediados por los deadlines, que ellos interpretan como un objeto tangible y sin embargo son las constantes presiones que Tezuka sufría de sus propios editores (tal como la historia grafica a la perfección). En la segunda, The Mask of Tomoe, que comienza como una historia de época con traiciones y maldiciones y que desemboca en el artista teniendo que diseñar un muñeco usando como base una máscara maldita. Es notorio como en ambas historias, el autor muere de maneras muy sanguinarias, y no sin antes haber tenido un intercambio con algún superior. ¿Cuántas de estas imágenes pasaban realmente por la mente del artista al momento de tener una discusión real, cuántas veces se vio a sí mismo morir mientras era sobreexigido? Hay algo de humor negro o de tragedia más bien, en estas viñetas, como si él tampoco pudiera escapar de un trágico destino que lo encontraría veinte años después en la cama de un hospital.

¿Es fácil para uno barajar y dar de nuevo? ¿Olvidarse de los traumas del pasado y poder avanzar con tranqulidad? Para Osamu Tezuka, la respuesta parecería ser no. La humanidad es presa de su condición a veces nefasta, de su codicia. Para muchos, una segunda oportunidad es un momento ideal para hacer las cosas mal como al principio, creyendo que están obrando para bien. Za Kureta, que recientemente tuvo una edición en español, es un muestrario del clásico pesimismo del Manga No Kamisama. 17 pastillas donde somos testigos involuntarios de la mala suerte de cada una de esas historias que él visualiza en todos los seres humanos.

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