Bolland Strips!: Solo contra todos

Bolland Strips! Brian Bolland

Recopilado por Palmano Bennett/Knockabout Comics en 2005, Bolland Strips! es una colección de los trabajos integrales más personales del legendario Brian Bolland. Además de su indiscutible habilidad gráfica, la publicación de tiras e historias cortas muestra la faceta narrativa menos conocida del autor, metiendo al lector en un mundo tan privado como oscuro y demostrando su soltura a la hora de escribir.

Bolland Strips

Hay un chiste, muy gracioso y muy inglés, que consta de utilizar la frase “como la Actriz le dijo al Obispo” de remate luego de una oración que, haciendo algunas acrobacias de malicia libidinosa, puede leerse en doble sentido. La edición por Glénat de Bolland Strips!, sumamente necesaria y completa para todo tipo de contexto y referencia, lo explica mejor: si alguien dice “¡qué duro está esto!”, el ocurrente de turno debe inmediatamente responder “¡como la Actriz le dijo al Obispo!”. Cuando le tocó expandir a los personajes -originalmente nacidos como una ilustración para un portfolio francés- para ser publicados por Garry Leach y Dave Elliott en Atomeka Press, el dibujante tomó un desvío y omitió cualquier tipo de material subido de tono. Las tres historias de The Actress and The Bishop están más cerca del costumbrismo inglés que de lo que el dibujo original, infernal en más de un aspecto, puede llegar a insinuar. 

A veces, por el tipo de lenguaje utilizado y la dinámica de la relación, se asemeja a un pariente cercano de The Wind Blows de Raymond Briggs. En otras ocasiones, como en la magistral “The Thing in the Shed”, habita un mundo de ciencia ficción y terror que sugiere algo horripilante. Es muy difícil cruzarse con un historietista con tanta atención al detalle y al preciosismo que logre esquivar las mesetas estáticas que suelen venir con ese tipo de representación en página. Pero Bolland (a veces mal juzgado en este aspecto, quizás olvidado por la proliferación de sus tapas y la fama de tomarse su tiempo para entregar trabajos) nos recuerda constantemente por qué es una bestia total del comic: además de su imposible composición y cambios drásticos de angulaciones, se encarga de jugar con las luces -un blanco y negro absolutamente exquisito que explota cada elemento al máximo- y la reiteración de viñetas, el recurso que lo cementó a nivel mundial en The Killing Joke

Sería fácil ver estas historias por arriba y aseverar rápidamente que, a pesar de lo prometido, hay una cuota de sexualidad casi inescapable para la época y el tipo de publicación para lectores adultos. Pero el enfoque siempre es desde la lejanía, con una mezcla de ansiedad y la lujuria de alguien avergonzado. Quizás sea en Mr. Mamoulian, la tira que más espacio ocupa en el libro, donde esto se ve reflejado con más fuerza. Un Bolland alejado de los gestos más virtuosos de su arte, enfatizando en un minimalismo que poco a poco va revelando sus vicios más esmerados. Que no se malinterprete: Mr. Mamoulian es, en sus páginas más brillantes, de lo mejor que el dibujante ha puesto en papel. El personaje es áspero a la vista, desagradable para los que lo rodean, decididamente difícil de encarar tanto para el lector como para el creador. Al inglés le toca soltar todos sus pensamientos y sus miedos más profundos en algo que, a pesar de su larga duración, jamás será su obra más distinguible. No solo por el estilo. irreconocible pero con tanta destreza como sus comics más célebres, sino además por lo personal y oscuro que resulta todo. Bolland utiliza este espacio -usualmente de doce paneles- para hablar de la soledad y la alienación del ciudadano promedio británico, en ejercicios narrativos que abren una puerta alejada por completo del velo perfeccionista al que nos tuvo acostumbrados toda su vida. 

Todas las tiras de Mamoulian son un vistazo rápido a un infierno individual, destacando las páginas en las que el protagonista se mete en la obra de Francis Bacon o tiene largos paréntesis sobre el arte y su lugar en nuestras vidas; ingenuos o acertados dependiendo del tema, pero con la sensación de sinceridad con la que habla un tipo sin filtros. Incluso sobre el final se ríe del sobre análisis de comics, creando a un personaje que enseña Mamouliología, “el estudio en profundidad de una de las manifestaciones más raras del sotobosque literario, las historietas de Mr. Mamoulian…”, lo que convierte el último tramo en un raid ascendente de Bolland contra todos, incluido él mismo.

Brian Bolland Bolland strips!

¿En qué se basa el atractivo del personaje? ¿Cumple otra función además de ser un ejercicio de libertad? No tiene muchos gags, aunque su primera tira sea sumamente graciosa para un público específico. Y ese público, el que comprende que el ilustrador siempre jugó con la aversión disfrazada, tendrá que decidir pronto si le suelta la mano o si compra el paquete completo. Es muy difícil atravesar algunos de sus chistes, como el de los elementos de tortura para esclavos -de una violencia y cinismo totales-, que es inmediatamente seguido por una demostración de badminton que recuerda a los retratos deportivos de Oski. No hay criterio ni orden, lo que ayuda con creces a la representación freeform de los pensamientos de Mamoulian, que de no ser por el límite de viñetas podría continuar en un hilo eterno e infinitamente enrevesado. 

El tomo, casi a modo de digestivo, cierra con ilustraciones de corte clásico. Las texturas vuelven a estar trabajadas a fondo, haciendo difícil creer que esto está hecho por un ser humano, operando sobre un erotismo más desenfadado y un horror más explícito que el de The Actress and The Bishop. Sumado a esto, aparecen unas páginas donde él mismo es el protagonista y hace un descargo contra la violencia en los comics. Toda la queja, con un Bolland dibujado y con una verborragia inesperada, resulta tan antigua como lamentablemente presente. El estilo de digresión en-tu-cara, que termina con un análisis de las historias y sus narradores que es absolutamente desolador, está mucho más alejado del autor en tiempo presente; calmo, algo reticente a su relectura y con todo ya dicho. Bolland Strips! puede ser visto por algunos como material para completistas, pero también es un enorme mapa para comprender al artista favorito de toda una generación que, a pesar de todo, sigue teniendo vetas por descubrir.

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