Diseccionando Ongoings: Descender (parte 1)

Jeff Lemire Dustin Nguyen Descender

A mediados de la década del 2010 los creadores de historietas norteamericanos mainstream habían encontrado una fórmula efectiva y sostenible en el tiempo: hacerse de una audiencia escribiendo o dibujando cientos de títulos para Marvel o DC Comics para que luego trasladarla a su kiosquito de total libertad creativa en Image Comics. Por cuestiones de tiempo, los guionistas capitalizaron esta estrategia al máximo, siendo Rick Remender, Brian K. Vaughan, Robert Kirkman, quizás el ejemplo magno de esta tendencia, y, el que nos compete en esta ocasión, Jeff Lemire. Junto a Dustin Nguyen cranearon y publicaron en 2015 Descender, una historia que aúna todos los elementos de una space opera clásica y con el dilema de la inteligencia artificial que eso conlleva.

Como de costumbre en esta época, todo arco inicial de historietas cuenta de seis números, lógica regida por el objetivo de vender el trade paperback en las librerías. “Tin Stars es la saga introductoria que pone en contexto al lector del mundo en el que transcurre la trama, la cual gira alrededor de la destrucción masiva de los planetas pertenecientes al Consejo Galáctico Unido (UGC por sus siglas en inglés) por parte de los Harvesters, una raza ancestral de robots cuyo origen y naturaleza es desconocido hasta para el doctor Jin Quon, el máximo referente de robótica en la galaxia. Diez años después del genocidio interplanetario, el pequeño robot Tim-21, protagonista de este periplo, despierta en una colonia de mineros tras estar “durmiendo” durante una década y será la clave para desentrañar los secretos detrás de esta estirpe de autómatas aniquiladores.

El world-building toma una prioridad entendible para la trama pero a veces resulta algo invasivo, con un índice en cada número describiendo cada sociedad y cultura que pertenece al UGC. Dicho glosario podría haberse ido completando a lo largo de los números con la presentación de las razas, una forma más natural de presentar la información, pero los artistas prefieren dejar todo dicho de antemano. Se nota que su intención es concentrarse meramente en la trama que rodea al personaje principal y cómo ella se conecta con el conflicto madre. Por fortuna sus esfuerzos no son en vano, ya que el guion tiene bastantes alicientes cada vez que al pequeño le toca interactuar con los demás personajes y encuentra su gran fortaleza en las revelaciones de la trama que se dan cerca del final de cada número.

Tim se despierta en un mundo donde el 90% de la población robótica está extinta debido a la xenofobia que desencadenó el ataque de los Harvesters. Los pobladores del planeta Gnish son los principales instigadores de este odio hacia las inteligencias artificiales, la monarquía más antigua de los planetas unidos al Consejo y dueños del poder militar más importante de este cosmos. La activación del protagonista desata una alarma del UGC que será contestada por la capitana Telsa, quien recluta a Quon, devenido en un un pordiosero bueno para nada y blanco de todas las frustraciones de la galaxia después del genocidio, para ir a buscar a su creación. Por su parte, el androide intenta descubrir el paradero de Andy, el humano a quien estaba programado para acompañar antes de que se produjera el incidente que acabó con todos en la mina. Investigando por la estación, se entera de lo acontecido diez años atrás y se reencuentra con Bandit, una suerte de mascota-robot con actitudes (y sonidos) similares a las de un perro pero con metal por tejido y circuitos por instinto.

Tras el reencuentro, es emboscado por un grupo de cazarrecompensas que se quieren hacer con el valor de sus circuitos. Esto provoca una pelea que termina con un agujero en el cuerpo de Tim y un robot excavador eliminando al resto de los mercenarios al grito de “Driller a Killer. Driller a real Killer”, un cántico que se repetirá a lo largo de la revista. La vida sintética del pequeño androide es rescatada por Telsa y el doctor, quienes arriban a las minas para extraerlo pero rápidamente son capturados para ser llevados al planeta de los gnishanos y juzgados por ayudar a la vida artificial.

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Lo primero que uno atestigua al abrir las páginas de Descender es el impactantemente sobrio arte de Dustin Nguyen. Muy alejado de su estilo más “acelerado” del comic mainstream y más cercano a su trabajo en “Lil’ Gotham” pero con mayor espacio para dejar respirar a las acuarelas, sean digitales o analógicas. Los diseños de personajes también brillan en las páginas, el dibujante no solo juega con los clásicos tropos del género a la hora de crear una especie conocida que se vea como nueva sino que también tiene el espacio para aplicar sus propias sensibilidades. Esto se hace evidente en el armamento y las vestimentas, con un estilo futurista anguloso y sugiriendo detalles minimalistas a través de las líneas.

Su paleta de colores es otra virtud que vale la pena destacar, mezclando colores fríos y cálidos dependiendo el ambiente y personaje que muestre la historia de momento. Hay una suerte de color primordial que engloba los distintos arcos de la serie, desde los fríos e inhóspitos horizontes de las minas de la luna Dirishu 6 hasta las humeantes y oxidadas calles de Gnish. Las tapas también son dignas de mención, con varias de ellas presentando el capítulo en cuestión desde una óptica más conceptual y estética, lejos de propinarle la revelación o el punto central del guion en la cara del lector.

El segundo arco de la revista, titulado Machine Moon, presenta a un misterioso cazarrecompensas que no tiene ningún tipo de escrúpulos en acribillar a un montón de robots para hacerse de unas monedas. En apenas unas páginas se da la revelación que este pistolero de rubia cabellera no es otro que Andy, el humano al que Tim-21 anda buscando por los confines de la galaxia. Tras enterarse de que recientemente fue activado, sale en su búsqueda para aliarse con Blugger, uno de los mercenarios que apareció en la mina para hacerse con el pequeño androide. Mientras tanto, el grupo principal es separado en dos: por un lado Telsa, Tim y Quon quienes son interrogados por las autoridades de Gnish, y por otro Driller, Tullis y Bandit, varados en la arena de gladiadores y forzados a pelear por su vida.

En medio de la violenta interrogación, el experto en robótica pierde un brazo y confiesa ser un fraude total ya que robó los planos originales para todas sus creaciones de un robot encontrado en una excavación junto a su mentor, el profesor Solomon. En medio de su explicación, el palacio gnishano es atacado por los Hardwire, un grupo de robots sobrevivientes calificados como terroristas por todos los planetas miembros del UGC. Para sorpresa de todos, este enclave lleva consigo a un Tim-22, lo cual despierta más interrogantes para todos los presentes.

Si bien ya se habló de las bases del guion, vale la pena destacar algunas cuestiones puntuales que Lemire logra tocar a lo largo de las páginas. En primer lugar, es notorio el giro copernicano ante la temática de “apocalipsis por las máquinas”, como en Terminator por ejemplo, el cual si bien origina la historia, no se queda en eso y termina desencadenando un genocidio a la inteligencia artificial. Por otro lado, el grupo de protagonistas podría pecar de ser algo reaccionario, ya que la gran mayoría de las veces parecen estar a merced de las fuerzas de la galaxia, pero es algo común a la hora de establecer un mundo con sus reglas, razas, trasfondo y política. Por último, mencionar el clásico cliché de la revelación o impacto en la última página/viñeta de la revista, algo muy similar a la lógica televisiva del programa semanal que es efectiva pero que a la larga, si no se cuida o varía la información dosificada, termina cansando. Al menos en estos números el guionista parece cuidarse en cuanto a ofrecer sustancia a lo que el próximo número refiere, veremos qué sucede con los próximos capítulos.

La llegada de Hardwire a la trama implica también revelar qué pasó con el resto de la población robótica del universo y qué es lo que quieren con Tim-21. Para lo primero, gran parte de las vidas sintéticas se refugiaron en un enorme asteroide bautizado con el título que da nombre al arco, con miles de androides reconvertidos de sus funciones originales para ser militares o líderes políticos. En lo que respecta al pequeño protagonista, resulta que cuando “falleció” en el intento de captura por parte de los mercenarios en Dirishu soñó con lo que podría llegar a ser el Cielo de los robots, una suerte de servidor a donde van a parar todas las inteligencias artificiales cuando dejan de funcionar. Aunque al principio esta facción sintética parece no tener malas intenciones, el arco finaliza con la revelación de que veneran a los Harvesters como deidades mientras preparan soldados para crear una poderosa fuerza militar, al tiempo en que Tim-22 atraviesa con un láser a su versión inferior, en un cliffhanger que se resolverá en los próximos números como de costumbre.

¡El mes que viene la segunda parte de esta épica espacial por Jeff Lemire y Dustin Nguyen!

One Comment on “Diseccionando Ongoings: Descender (parte 1)

  1. Muy buena reseña, empece a leer “Descender” hace unos años, conseguí una edición de “Oceano Travesía”, el volúmen 1 “Estrellas de Ojalata” del 2016, seguramente la continúe en formato digital. Saludos.

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