Nosferatu: El último ser humano

Desde la publicación de “Lone Sloane”, Phillipe Druillet se convirtió en una de las figuras más relevantes de la historieta europea y uno de los miembros fundadores de Métal Hurlant junto a Moebius, Bernard Farkas y Jean Pierre Dionnet. Por fuera del medio, ha colaborado en diversos proyectos que, entre otras cosas, lo llevaron a ilustrar obras como “Drácula” de Bram Stoker y a realizar los posters de la trilogía vampírica del director Jean Rollin. Este interés del autor por la figura del vampiro lo llevó a crear un nuevo comic enrolado en esa temática: “Nosferatu”, publicado originalmente por Dargaud en 1989, es una obra que, a pesar de su nombre, tiene poco y nada que ver con la película de Murnau o la novela original en la que está basada.

Ambientada en un futuro post-apocalíptico donde la humanidad ha desaparecido, el artista nos presenta a Nosferatu, un ser humano que se ha convertido en un vampiro moderno, con la habilidad de volar y alimentarse de sangre. Escapando de unos monstruos enanos que mataron a sus compañeros, el protagonista deambula sin rumbo fijo buscando comida. Su melancolía va en aumento hasta tornarse en desesperación y locura cuando encuentra un maniquí de metal en un basurero que le servirá de compañía por un tiempo.

Lejos del glamour del cine, el vampiro es un vagabundo escuálido que sobrevive como puede en un entorno hostil. Además de recitar poemas de Baudelaire y reflexionar sobre la condición humana, el autor va incorporando momentos humorísticos que hacen mas llevadero el tono denso de la obra. Lamentando su condición como último sobreviviente de su especie, el monstruo se encuentra con unas hienas aladas a las que confunde con su misma especie y se vuelve uno más de la tribu. Tras construir una máquina con chatarras para derrotar a un monstruo digno de Lovecraft, el protagonista se vuelve objeto de burla y es ridiculizado por su cobardía. Esto lo lleva a construir una nave para visitar otros mundos mejores, mientras su cuerpo continúa mutando para sobrevivir.

En poco más de cincuenta páginas, esta obra ofrece una reversión del clásico mito logrando una historieta muy particular, dibujada en un estilo más abocetado y dinámico, con una puesta en página donde las viñetas panorámicas repletas de fondos desolados contribuyen mucho al clima introspectivo de la revista. La narrativa está compuesta en su mayoría por una serie de tres y cuatro paneles horizontales que en ocasiones son divididos en varias viñetas. A medida que la historia se vuelve más delirante, la narrativa va incluyendo páginas con dos viñetas o incluso algunas splash-pages, un sello distintivo del autor que en esta obra es menos frecuente. Las masas de negro y los bordes repletos de líneas gruesas y motivos tribales contrastan de manera ideal con el trazo orgánico del personaje y su entorno.

Todo esto hace que “Nosferatu” se convierta en un punto de partida ideal para aquellos que sean fans de los vampiros o quieran conocer la obra del autor, en una historieta más emparentada con la poesía o el teatro, sin pretensiones de solemnidad y con momentos muy divertidos. Afortunadamente, Dark Horse Comics la editó en inglés el mismo año de su publicación original, con una traducción a cargo del matrimonio Randy y Jean-Marc Lofficier que con un poco de suerte se puede conseguir tranquilamente en comiquerías. Altamente recomendable para todos aquellos que quieran leer una historieta autoconclusiva de gran calidad que abre las puertas a un mundo fascinante y terrible: el mundo de Phillipe Druillet.

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