La adultez según Osamu Tezuka (parte 8)

Bomba! Osamu Tezuka

¿Cuán oscuros son los pensamientos que se originan en nuestro subconsciente? ¿Qué pasaría si actuáramos para complacer esos deseos? Osamu Tezuka utiliza esta premisa como punto de partida para ahondar más en un sentimiento en específico: el odio. Con algunos toques de fantasía, “Bomba!” resulta ser una exploración de las consecuencias de la falta del amor, tanto propio como ajeno, en un relato desolador que deja entrever, como varias de las obras en esta sección, algunos recovecos de la vida del manga no kamisama.

“Bomba!” se publicó entre septiembre y diciembre de 1970 en la Bessatsu Shōnen Magazine de Kodansha de periodicidad mensual y hoy en día conocida como Gekkan Shōnen Magazine. La historia presenta al joven Tetsu Otani, un estudiante retraído y solitario, quien es una víctima de los maltratos de sus compañeros y profesores. Su único consuelo es poder estar cerca de su maestra, Reiko Mizushima, a quien ama en secreto y cuyos sentimientos para con ella suelen derivar en castigos de sus superiores. Al enterarse que uno de sus maestros tiene intenciones de comenzar una relación con Mizushima, su odio se manifiesta en la forma de un caballo fantasma que asesina al hombre cumpliendo los deseos del joven.

Esta aparición, la cual está relacionada con una historia de su padre durante la guerra chinojaponesa y da nombre al manga, se va cargando a todo aquel que ose perturbar los deseos de su amo. Lentamente el inconsciente del protagonista irá escalando hasta el punto en que Bomba termina siendo una amenaza para la sociedad japonesa capaz de causar genocidios con solo un pensamiento.

El fin de la década de los ’60 y principios de los ’70 es un período inescapable para estos artículos por lo que significó para el autor del cual se habla. Una montaña rusa repleta de logros, envidias, frustraciones y derrotas artísticas que se sucedieron al poco tiempo, siendo las tragedias más grandes la cancelación de la revista COM y la bancarrota de Mushi Productions. Para echarle más leña al fuego, la rivalidad con los artistas del otro lado de la vereda del manga, quienes acuñaron el término “gekiga” para las historietas dramáticas, llegó hasta un punto en el que el propio Tezuka expresó públicamente su disgusto ante este tipo de historias por ser “problemático” con el público. Este período de transición, tanto de artístico como ideológico, tuvo como consecuencia varias obras a modo de ensayo, siendo esta misma una de ellas.

La prueba y el error o la experimentación se siente muy latente en la historieta, quizás lo más evidente sea el acompañamiento que se le hace al personaje principal desde su niñez hasta su madurez, una suerte de técnica narrativa para justificar el tono de la historia. Desde el apartado pictórico, otro punto a destacar es la lentitud del relato, viniendo de un autor mucho más acostumbrado a un ritmo aventurero, con personajes yendo y viniendo de lado a lado como también cambiando de locación. En los únicos momentos en los que se podría decir que la narración carga con esa energía y poderío tezukiano es con el galope del espectro equino, con secuencias cargadas de la fuerza y potencia narrativa que tanto lo caracteriza.

La última decisión artística a analizar reside en los ojos del protagonista del manga. En vez de los clásicos óvalos verticales negros con pupilas blancas, cuenta con un trazo garabateado y con varias hendiduras que dan la sensación de formar un ojo normal. Aunque no está del todo claro el por qué de esta decisión, se desprenden dos interpretaciones. La primera, más relacionada con la obra, es que la mirada del personaje sobre los demás está distorsionada, o fragmentada por los pequeños espacios en blanco, justamente por el tema que atraviesa la historieta, la falta de amor. Las espirales que forman sus pupilas hablan de una persona egocéntrica, cerrado en sí mismo, o centrada en algo en específico, como si fuera una mira. Sea su propio sufrimiento o su sus sentimientos por su profesora.

Para la segunda interpretación, resulta curiosa la influencia que denota “Bomba!” del mejor discípulo del maestro: Shotaro Ishinomori. La primera señal es el parecido entre Tetsu Otani y el protagonista de “Jun”, una de las series más experimentales y poéticas del rey del manga. Ambos de mirada perdida y hasta melancólica en algunas ocasiones, producto de actuar a veces como reflejos de sus propios artífices. La diferencia está en que Otani, además de que transforma su semblante en uno más siniestro a medida que avanza la historia, la apunta hacia los demás mientras que Jun lo hace hacia adentro, tanto literal como metafóricamente.

La otra punta a hilar de esta comparación es el impacto de la obra de su rival en el manga no kamisama. La historieta de Ishinomori vio la luz en 1968 en las páginas de la revista COM, creada por el propio Tezuka. Cuenta la leyenda que cuando el mentor vio esas páginas se produjo una mezcla entre enojo y envidia que suele generarse al momento en que el estudiante supera al maestro. En un principio el casi médico de profesión criticó seriamente a su ayudante hasta el punto de señalar que eso no podía considerarse manga. Lo cierto es que “Jun” servía más como un lienzo de experimentación y poesía para Shotaro que para contar una historia, muchas veces con páginas sin texto, repletas de viñetas verticales y narraciones caóticas con el poderío de la representación gráfica como hilo conductor por sobre el guion.

Pero mejor hablar sobre el hambre artístico de Ishinomori en otra ocasión, lo cierto es que el conflicto casi termina con ambos totalmente distanciados hasta que quien originó la crítica terminó por disculparse y reconocer su error. En vez de dejarse llevar por su envidia, producto de ver cómo su ayudante lo superaba en términos artísticos, decidió no dejarse llevar por sus deseos más oscuros y optar por la vía pacífica, fiel a sus principios. Quizás esto también influenció el final de “Bomba!”, el cual deviene en una historia de redención para el protagonista, algo bastante optimista en comparación con el resto de las obras que conforman esta serie de escritos. Pero lo que no se puede negar, es la veracidad de esos sentimientos que muchas veces reprimimos, los cuales terminan expresándose de una manera u otra.

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