El año en que conocí a Naritzutis: Manual para sobrevivir al encierro

Durante 2020, cada quien afrontó la cuarentena como pudo: con total apatía, perfeccionándose en alguna nueva actividad o absorbido por completo por un trabajo que nunca cesó, las opciones son muchas. Aquellos a quienes nosotros elegimos elogiar en el sitio, aprovecharon las herramientas que dan las vías de comunicación para darnos algo más, mientras se buscaba comenzar con total lentitud el año a nivel editorial. Una de ellas decidió abrir en su perfil de Instagram un pequeño diario que giró alrededor de un invitado de cuatro patas.

“El año en que conocí a Naritzutis” recopila las varias viñetas que Camila Torre Notari publicó durante la pandemia en su cuenta personal de la red social, y que hoy Maten al Mensajero, quienes ya le habían publicado “El Ángel Negro” y “Gira de Pizzerías”, deciden apostar por el formato comic book, con la intención de publicar cosas cortas de los artistas que actualmente son parte de la editorial, mientras esperan la llegada de libros largos.

Las 36 páginas que forman esta revista muestran de manera salteada, pero ordenada cronológicamente, los primeros 228 días del aislamiento obligatorio que tuvo Argentina. El hilo conductor de estas jornadas es la llegada del gato de un vecino al jardín de Camila, quien es bautizado internamente como Naritzutis. Por supuesto que el contenido historietístico no se detiene ahí, sino que aprovecha para contarnos cómo tratan de sobrellevar el encierro ella y su pareja, en un denodado esfuerzo por tratar de mantener el espíritu con humor en esos momentos tan inciertos.

A veces contar lo que uno hizo en el día puede tornarse aburrido, pero Camila se encarga de ponerle gracia a lo que le va ocurriendo. Seguro, cualquiera puede tener un mal día, y más en estas condiciones, pero no son las que se eligen mostrar y, a lo sumo, son mencionadas al pasar. Los mismos son resumidos en solo dos viñetas (a razón de una grilla de seis en todas las páginas) y la inventiva del relato pasa por la exageración de cómo se plantean algunas cosas. Si tener problemas con el vecino puede ser algo tan habitual como incordiante, ¿cómo hacerlo divertido para el lector? Simulando un ataque terrorista hacia un problemático tanque de agua. También suman las elipsis temporales, que hacen avanzar de forma más entretenida algunas de las situaciones que vemos plantearse desde su génesis hasta pasado el tiempo, como el montaje de una huerta.

Al igual que en sus últimas dos obras, el dibujo es acompañado con una escasa variedad en el color. En este caso, la mano viene bicromática con el blanco y varias escalas de azul. Cualquiera que siga a Camila sabe qué se va a encontrar en la faz gráfica, un curioso amalgama donde la simpleza de los trazos es acompañada por un gran nivel de detalle cuando la situación lo amerita: las viñetas no suelen ser cargadas, pero el dibujo no es vago. Si no hay un fondo definido, el hatching se encarga de dar relleno. Caso contrario, pisos, paredes, pantallas de celular o televisión están bien marcadas dentro del estilo caricaturesco, como similares a los objetos reales.

A la espera de una nueva novela larga, El año en que conocí a Naritzutis” es un lindo antídoto en todo sentido, tanto para la espera en sí misma como para contrarrestar la mala onda de estos extraños meses que vivimos. Camila Torre Notari demuestra una vez más sus grandes dotes como narradora de su vida, con otra obra que, de una manera más lúdica que detallada, nos permite conocer personalmente su forma de ser.

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