Regénesis según Keiichi Koike

Las páginas que conforman “Astroid”, de Keiichi Koike, están más ligadas a un estado de constante efervescencia que a una historia acerca de la vida o la finitud. Relatos nacen para morir y revivir en el microuniverso que este manga genera alrededor de sí mismo, solo con la excusa de poder rearmarse una vez más en la página que siga.

Más que la muerte y resurrección de la entidad que guía a la historia de “Astroid”, a la cual uno podría llamar energía o alma, Keiichi Koike está más centrado en narrar el proceso de transformación que atraviesa a lo largo de las páginas. El mismo puede estar implícito en el lenguaje secuencial de la historieta o explícito en las imágenes que componen al relato. Se trata de un ciclo constante que se repite y se repite a lo largo de las páginas, con capítulos completamente disímiles en su tesis narrativa pero guiados por un hilo conductor que muta constantemente para contar lo ya conocido.

La obra incluso llega a rozar esa fina línea de la metaficción en la que el continuo devenir y resurgir que narra está alineado con sus apariciones en revistas a lo largo de los años. Su primera publicación sucedió entre 1989 y 1991, en la revista Gekkan Āgama, órgano de la rama del budismo Agon Shu fundada por el religioso Kiriyama Seiyū para divulgar esta nueva religión en Japón. Luego, sus primeros dos capítulos aparecieron en una publicación orientada al arte durante el 2000 y finalmente se publicaron los 11 capítulos a través de los tres números de la revista MHZ.

Resulta imposible separar la publicación en la que fue concebida de su temática y estilo de narración. En el budismo, la reencarnación pasa de ser una evolución del alma a través de distintos cuerpos (de su origen hinduista) a una constante concatenación de causas y efectos que generan una prisión kármica de la cual el hombre debe liberarse. Aunque el autor usa esta base no para contar una historia sino como elemento de inspiración y experimentación. El protagonista de cada historia, si es que lo hay, está más sujeto al vaivén de los acontecimientos, jamás un actor proactivo ni capaz de inferir en la dirección que tomarán las viñetas, imposibilitado de liberarse de las constantes causas y efectos del relato. Incluso muchas veces dicho personaje intenta investigar el motor transformativo de su mundo, lo que le puede significar una traslación hacia otro plano o un renacimiento en un contexto completamente diferente. Los juegos de perspectiva, la deformación de objetos, la combinación de técnicas para el entintado y más herramientas visuales, terminan fusionándose en un laberinto hacia los confines de la creación y sus consecuencias que jamás termina.

Pero el devenir y el resurgir no está limitado a la figura humana que atraviesa los paneles. Muchas veces Koike transforma restos humanos, sudor o estrellas en CDs de música, explosiones y civilizaciones. Al mismo tiempo, estos resultados también terminan transformando a quienes los atraviesan o consumen, casi en una suerte de metarrelato sobre la creación del arte o cualquier estímulo al que podría someterse un humano.

Más que un material de lectura, “Astroid” resulta ser un constante (y sublime) ensayo gráfico, guiado en gran parte por la experimentación y la psicodelia, sin ningún objetivo claro a primera instancia. Las comparaciones o reflexiones al respecto son inútiles en su gran mayoría y la obra termina hablándole más a un artista en búsqueda de explorar los límites narrativos para transformarse así en parte de una bibliografía en lo que respecta a la historieta formal.

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