Diseccionando Ongoings: Descender (parte 3)

Último tramo de la space opera que enfrenta seres sintéticos contra especies de toda la galaxia y hasta a un pequeño niño con su propia naturaleza. Creada por Jeff Lemire y Dustin Nguyen para Image Comics, la guerra estalla en el cosmos y solo quedan algunos minutos para definir el futuro de las razas que pululan el espacio exterior.

La última tanda de números de la serie cuenta con tres arcos que además de cerrar las tramas inconclusas, ponen las últimas piezas del rompecabezas en el universo creado por los autores. El primer tramo, “Rise of the Robots”, pone a todos los jugadores en un mismo lugar: Machine Moon, la base de los autómatas rebeldes para el enfrentamiento final entre especies y máquinas. Cerca de allí están los Tim junto a Quon y Tesla en el planeta Mata, la pista final del paradero del mentor del experto en robótica. Por último, Driller continúa su travesía en el planeta pantanoso Woch, descubriendo poco a poco la magia que se esconde en el universo.

Con el envión de la saga pasada, Lemire pisa el acelerador en el guion tanto para atar todos los cabos sueltos como para elevar la tensión. En un abrir y cerrar de ojos, el 95% de la flota del UGC que iba a invadir la base es aniquilada por los terroristas, lo cual motiva a los primeros a utilizar su arma secreta, el Harvester artificial. Mientras, se desata una pelea contra Tim-22 por el control de la nave en la que está el grupo original de la historia al mismo tiempo que Andy y Bandit se conectan con su acompañante robot. Si bien pareciera demasiado, el pacing de la historia está mayormente controlado, ya que cuenta lo mínimo e indispensable y conecta bien con los que le siguen, aunque es cierto que algunos conflictos podrían resolverse en menos páginas.

Una vez que las fichas están en su lugar para la última jugada, la narración sufre un quiebre y transporta al lector 4.000 años antes de lo sucedido. Con el anteúltimo arco, “Lost Worlds”, se cierran las dudas sobre el origen de los robots, su relación con otras especies y la naturaleza del genocidio. La moraleja se repite: científicos encuentran un planeta perdido en el cosmos poblado por Descenders, seres robóticos cuya naturaleza es pura y exclusivamente sintética, uno de ellos lleva sus estudios a su hogar, reproduce esta forma de vida en esclavos y ayudantes y termina sufriendo el mismo destino de parte de los Harvesters. A esta especie pertenece el espécimen encontrado por Quon y su maestro hace años, una civilización entera cuya información sobre su origen está corrupta en su memoria.

A diferencia de la anterior, esta historia no dura más de lo que necesita, lo cual es curioso porque en el primer capítulo se da a entender que esta trama será contada en tres números, solo para ser corregido en el siguiente y evidenciar que ocupará nada más que dos revistas. En ese tramo también se da un cambio de editor, sale Brendan Wright y entra Will Dennis, algo quizás motivado por las denuncias de abuso sexual de parte de una colega de la industria hacia el primero por ese entonces. Lo cierto es que la mano de Dennis se nota al ver cómo se encauza la narración a un ritmo más acelerado pero sin descuidar el tono ni el cuidado de los personajes.

Sobre la destreza de Nguyen como artista en estos números no mucho se puede aportar a lo ya dicho. Las paletas de colores continúan con ese tono cósmico a través de las acuarelas, sean digitales o no, que explotan las tonalidades de violetas, blancos, celestes y negros. Aunque en el primer tramo de estos últimos arcos parece no salirse de lo ya visto, este flashback le permite ser un poco más versátil con otros colores y texturas. Las splash-pages y páginas enteras con ilustraciones también adquieren cierto protagonismo, algo obvio al tratarse de los momentos críticos y más dramáticos de la serie. Acá, el artista demuestra que no solo tiene capacidad para la espectacularidad, como la página en la que Tim-21 comprende todo lo que sucede a su alrededor, sino también para las escenas más cálidas y silenciosas, como el encuentro entre el robot y Andy, el cual se da en el último arco.

“The End of the Universe”, un nombre algo apropiado para el final de Descender pero no tan fiel a su premisa. Desgraciadamente los últimos episodios de la serie tienden a caer en una lección de moralina que, aunque sí tiene que ver con los temas que atraviesan al comic, pecan de parecer más una herramienta de guion que un desenlace natural par la trama. Los cambios en Andy y Tesla parecen más sacados de una película de Hollywood de los años noventa, lo que lleva a pensar que quizás los autores decidieron orientar más la prosa hacia ese estilo. No hay que olvidarse que en esa época se produjo una nueva ola de compras de derechos de parte de estudios de cine y televisión de las historias y propiedades intelectuales de los autores de Image.

En sus más de tres años en publicación, Descender gozó de una saludable popularidad durante la mayor parte de este tiempo. Con números de venta oscilando los 20.000 ejemplares en sus primeros 24 meses, se podría estar hablando de una serie de la editorial independiente con números por encima de la media, donde algunas series sobreviven incluso con números mucho menores. Si bien se habla de una modalidad de supervivencia basada en la venta de los tomos recopilatorios en librerías, Lemire y Nguyen supieron aprovechar este apoyo de los clientes de las comiquerías y además de mantener un ritmo de publicación bastante regular, con sus debidas pausas, no la estiraron más de lo debido. Por otro lado, tomaron nota de su experiencia en las denominadas “big two” y decidieron hacer una estrategia similar al marketing de superhéroes con su título: un relanzamiento. Con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva, claro.

Es así como esta odisea interplanetaria culmina con los robots abandonando el universo para alejarse del peligro que las demás especies pueden significar para ellos. En el medio vuelven a aparecer los gnishanos para ser obliterados al segundo y la aventura de Driller en busca de la magia queda totalmente inconclusa. El último número está narrado por la hija del humano y la androide, situado diez años después de los eventos de la serie, con las poblaciones de los planetas completamente decimadas tras los ataques de las máquinas. Ahora, es tiempo de que la magia vuelva a ocupar el lugar que una vez tuvo en el universo en un nuevo capítulo: Ascender.

Y así termina este capítulo de la gran saga cósmica de ambos autores. Al menos por ahora. Si existe la posibilidad en algún futuro, nos volveremos a encontrar con la secuela de este relato.

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