Swamp Thing por Martin Pasko y Tom Yeates

Tras varios años relegado a aparecer como invitado en títulos como Challengers of the Unknown, la película dirigida por Wes Craven logró que DC apostara una vez más por una serie regular. En mayo de 1982 se publicó el primer número de Saga of the Swamp Thing, con un equipo creativo compuesto por Martin (“Marty”) Pasko, guionista de comics y series animadas, junto a Tom Yeates, un artista egresado de la escuela de Joe Kubert que recién estaba dando sus primeros pasos en el medio. Editado por uno de los creadores del personaje, Len Wein, este título tuvo durante sus primeros trece números unos interesantes back-ups del Phantom Stranger, con guiones de Mike Barr y Joey Cavalieri dibujados por artistas como Dan Spiegle, Tony DeZúñiga o Fred Carrillo.

La intención del guionista era hacer que el público se olvide lo más pronto posible de la película de Craven, así que en su primer arco no aparece ninguno de los personajes secundarios recurrentes de la etapa anterior. El primer número nos presenta un recuento del origen del monstruo, seguido por el rescate de una niña muda llamada Casey, que estaba a punto de ser asesinada por su padre. Tras el obligatorio enfrentamiento con una turba enardecida, la niña es secuestrada por Grasp y un misterioso individuo llamado Harry Kay, dos agentes al servicio de la corporación Sunderland, que busca replicar la fórmula bio-restaurativa del doctor Holland para sus propios negocios. Para colmo de males, el cuerpo de Swamp Thing se está deteriorando a causa de un virus desconocido, lo que le impide que pueda hablar incluso torpemente, además de afectar la regeneración normal de su cuerpo.

Afortunadamente, contará con la ayuda de Dennis Barclay, un empleado de Sunderland discípulo de Kay, y de la periodista Liz Tremayne. Entre los tres se encargarán de buscar a Casey por todo el mundo, mientras escapan de los esbirros de Sunderland se encontrarán con monstruos y experimentos de todo tipo en historias unitarias que poco a poco van sembrando pistas para una amenaza mayor. Entre los enfrentamientos con vampiros punks y clones que absorben el dolor ajeno hay que destacar la historia del cuarto número, una obra maestra del terror tremendamente incómoda y truculenta: The White Room, sobre un conductor de programas infantiles que asesina niños con la complicidad de una entidad diabólica, un elemento presente en toda la etapa de Pasko junto al ocultismo y los poderes psíquicos.

Otro unitario memorable es el del número ocho, un homenaje al cine repleto de referencias a películas como King Kong o Casablanca dibujado de manera magistral por un Yeates que mejora a pasos agigantados en su narrativa. La misma se vuelve cada vez más fluida y dinámica dejando atrás el estatismo de sus primeros números (probablemente debido a su uso de referencias fotográficas para dibujar a los personajes de la serie). La lentitud del artista (que además se entinta a sí mismo) hace que Jan Duursema y Tom Mandrake se encarguen de dibujar el #10, haciendo un gran trabajo que no desentona para nada con los números anteriores.

Mientras tanto, la trama principal se empieza a complicar y Pasko invierte los roles de Casey y Harry Kay (ahora llamado Helmut Krippman), e introduce al anticristo como la verdadera amenaza, lo que culmina con un final a toda orquesta en el #13. El último episodio de un Yeates abrumado por la truculencia del comic, que decide irse a Epic/Marvel no sin antes recomendar a dos amigos suyos que le habían dado una mano en algunos números anteriores: Stephen Bisette y John Totleben. Para apoyarlos, seguirá a cargo de las portadas por unos cuantos números más.

Tras un interludio de dos números con un team-up del Phantom Stranger escrito por Dan Mishkin y Gary Cohn, (dibujado por los enormes Scott y Bo Hampton), en el #16 llegan Bisette y Totleben con su estilo personal y puesta en página innovadora a un título que estaba en la cuerda floja y cuya atmósfera se vuelve verdaderamente agobiante y oscura. El guion de Pasko (sobre un pueblo de monstruos camuflados de humanos) es de los mejores de esta última etapa del guionista.

También vuelven los secundarios de la época de Len Wein: Abby Arcane, Matt Cable (convertido un borracho con la capacidad de proyectar sus propias pesadillas) y el villano Anton Arcane, con un nuevo cuerpo de insecto completamente espeluznante. Además de recuperar el vínculo de Abby con Swamp Thing, no hay mucho para rescatar en estos últimos números por fuera del arte y se nota que el guionista estaba a punto de irse. Pasko se despide en el #19 con el enfrentamiento “final” con Arcane en su nave mosca junto a los nuevos Un-Men, todo dibujado de manera magistral por Bisette y Totleben.

Alan Moore llega al título en el número siguiente (dibujado por Dan Day con tintas de Totleben) y como primer medida se deshace de los personajes que habían quedado de la época de Pasko, además de hacer que Sunderland capture de forma definitiva a Swampy, dejando el terreno preparado para el verdadero inicio de su etapa.

Sin ser imprescindible, la etapa de Pasko se deja leer bastante decorosamente, sobre todo teniendo en cuenta que fue publicada en una época no muy recordada de la editorial. En nuestro idioma, fue publicada de manera inconclusa por la editorial Zinco y hasta el día de hoy permanece inédita en castellano. Opacada por las etapas posteriores del segundo volumen, fue recopilada en 2017 en un volumen único llamado Swamp Thing: The Bronze Age Omnibus. Conceptos introducidos en esta etapa como la corporación Sunderland y Liz Tremayne aparecieron en la última serie live-action del personaje.

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