Una pelea por el título del mundo según Jyoji Morikawa

Mamoru Takamura vs Bryan Hawk

Japón es considerado como una cuna de campeones de pesos ligeros para el mundo del boxeo. Con un tímido ingreso a los combates por títulos en la década del cincuenta, la tradición se asentó apenas una década después con un aluvión de ídolos iniciado por el prócer de los guantes Masahiko “Fighting” Harada y que aún hoy cuenta con un enorme y variado elenco de peleadores mundialistas. Entonces, no es casualidad que una de las pasiones deportivas de la nación sea representada en incontables ocasiones en otro de los fanatismos por los que más se los reconoce a los nipones, el manga. Hajime no Ippo es hoy en día el máximo exponente de la historieta basada en este deporte y cuenta con la maldición de haber alcanzado un punto cúlmine en su desarrollo que resulta casi imposible de superar hoy en día.

Jyoji (o George como su occidentalización lo indica) Morikawa tiene hoy en día la difícil tarea de llevar adelante la antorcha para los mangas de boxeo, puesto que alguna vez ocuparon Asao Takamori y Tetsuya Chiba con Ashita no Joe. La popularidad del deporte en las viñetas supo tener una época de oro entre los setenta y los ochenta, con obras tan disímiles como Ring ni Kakero de Masami Kurumada y One Pound Gospel de Rumiko Takahashi, que se fue apagando con el correr del tiempo pero que cada tanto resurge algún nuevo contendiente, como Zero de Taiyō Matsumoto.

Ippo se destaca por sobre los demás por lograr perdurar en el tiempo, no solo a fuerza de varias adaptaciones de anime y muchísimo merchandising sino también con una fórmula repetitiva e inacabable que siempre encuentra rincones inexplorados en el noble arte de los puños. Bajo una lógica que implica dos bloques narrativos, por un lado el hallazgo de un nuevo rival y el debido entrenamiento, y por el otro la pelea en sí; siempre hay una nueva vuelta de tuerca a este truco. Quizás como la propia evolución de todos los deportes a lo largo de los años.

Pero existe un combate en especial que podría ser catalogado como uno de los puntos más altos de Morikawa como autor y quizás el más álgido de la obra, incluso sin involucrar a su protagonista. Se trata de la pelea por el título superwélter del Consejo Mundial de Boxeo, Bryan Hawk vs. Mamoru Takamura, un verdadero duelo de opuestos que supo estar a la altura de las circunstancias y dejó la vara demasiado alta para el futuro de la serie.

En la esquina del retador, el lector fanático del manga ya conocía una buena parte del poderío que poseía Mamoru hasta ese entonces, nada menos que hace 100 capítulos atrás tuvo un enfrentamiento a muerte con un oso. Sí, a veces la afición por colmar de tecnicismos del deporte y brindar argumentos que anclen la obra en una veracidad arbitraria brilla por su ausencia. Lo cierto es que jamás se pudo presenciar su potencial y habilidad real arriba de un ring, siempre opacados por una representación masculina muy digna de la época en la que inicio la historieta, entre la sobrecarga de libido y la idiotez payasesca.

Para el campeón, todo queda totalmente claro en su primera aparición durante el capítulo 366. Rodeado de mujeres y con la misma altanería que podría tener el japonés pero dueño de una habilidad de mejor reputación para el ámbito boxístico. Sin los papelones humorísticos en las peleas o los controles de peso fallidos, todo lo que su contrincante querría ser en apariencia. El planteo del rival cambia al momento en que abre la boca, la soberbia de Bryan es genuina y su carencia de humildad no es solamente un personaje frente a las cámaras para aumentar su bolsa tras bajarse del ring.

“Los estilos hacen a las peleas”, reza un proverbio del boxeo que se refiere al desafío que presenta la cuestión técnica en cada luchador. Sea diestro o zurdo, guardia baja o alta, boxee hacia adelante o atrás son cuestiones que marcan tanto la táctica de cada round como la estrategia general de la pelea. Desde los segundos iniciales del primer round se da la pauta de que además de ser un duelo de fuerza y resistencia será de postura y técnica.

Con sus brazos colgando debajo de su cinturón y su rostro inclinado levemente hacia adelante, casi como si invitara a ser golpeado, el norteamericano utiliza una guardia baja, su carisma se hace explícito en su forma de pelear. Fanfarrón y escurridizo, la velocidad de reacción y los reflejos son las claves de su arsenal, aprovechando la postura de sus extremidades para enmascarar la dirección de sus golpes. Takamura, como buen hijo de su nación, se apega al estilo ortodoxo, con la guardia bien arriba persiguiendo a su rival, lo cual convierte a su rostro en un imán de puños durante los primeros minutos.

Existe un momento en medio de la paliza del campeón al retador que resume casi en su totalidad por qué estas historias resuenan tanto en los fanáticos y la esencia de su idealismo e inverosimilitud. Arrinconado y asediado por los misiles indetectables de su contrincante, Takamura no encuentra ni un segundo de paz tras casi ser noqueado. Y, en esas secuencias donde cinco viñetas que uno podría leer y comprender en 30 segundos son en realidad milésimas en la temporalidad de la historia, el público y la mente del luchador le indican solo un camino posible: salir de la esquina. Ni hace falta el globo de pensamiento en la página siguiente que solo con las tramas de movimiento, la mirada del personaje y el enfoque de la viñeta desde la perspectiva de Hawk está claro el estoico mensaje del boxeador. Una apuesta y una declaración de intenciones, estar dispuesto a morir sobre el ring, pero siempre bajo sus propias reglas.

Muchas veces la realidad supera a la ficción, pero en este caso lo real llegó a alcanzar a lo ficticio. El mismo choque de estilos se replicó algunos años después cuando se enfrentaron Naseem “el príncipe” Hamed y Marco Antonio Barrera. El primero, soberbio y capaz de dejar recalculando a cualquiera dentro del cuadrilátero con su velocidad y reflejos combinados con una postura de zurdo y las manos bajas, incómodo para cualquiera. En ese entonces Barrera era el underdog total, con una diferencia de 3 a 1 en su contra para las apuestas, el diestro ortodoxo no despertaba mucho interés tras haber colgado los guantes hace un tiempo y no lograr destacarse en el mercado norteamericano. Sin embargo, el retador no solo le quitó el invicto al dueño del título sino que su desempeño es recordado por todos los fanáticos del deporte como una verdadera lección de boxeo. Los trucos y las vivezas de Hamed poco le importaron al mexicano, quien contrarrestó las mañas del británico solo con técnica y puntería.

Con el correr de las sagas, Takamura se enfrentó a muchos otros boxeadores sumamente diferentes tras esta pelea. Sin embargo, hasta el momento ninguno tuvo la misma contundencia que Hawk, una suerte de versión alternativa suya donde el talento y el orgullo lo llevaron hasta la cima. Siempre con desprecio hacia su contrincante y hacia la disciplina del deporte, una versión en historieta de Ricardo Mayorga con un poco más de talento. El duelo de opuestos en su máximo esplendor para esta serie, ya postulado por el hecho de que ambos comparten al mismo animal en sus apellidos.

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