La gran parodia de Elvisman

Los hijos de Watchmen brotaron con fuerza inusitada a finales del siglo XX y principios del XXI, pero muy pocos (por no decir ninguno) supieron qué hacer con la cantidad de intenciones o comentarios que Alan Moore y Dave Gibbons le pusieron a la maxiserie. Sin embargo, antes de la llegada de varios de estos “hijos”, dos fanáticos cordobeses deconstruyeron y reutilizaron como nadie la parodia superheróica.

Elvisman es ante todo, una rara avis. Una miniserie de seis números publicados casi anualmente entre el ’97 y el 2001 (en el ’98 salieron dos revistas) a través de la editorial Llanto de Mudo, radicada en Córdoba bajo la tutela de Diego Cortés, quien también es el guionista de la obra, con dibujos de la hoy estrella del mainstream superheroico Juan Ferreyra, quien ilustra los primeros cinco números, y Leo Sandler cubriendo la última parte. Estos números que, con el correr del tiempo, al comenzar a desaparecer el stock y sin reediciones a la vista comenzaron a cobrar carácter de mito, tuvieron su rescate a partir del mes pasado gracias a la gestión de Comic.Ar, que promete una colección dentro del sello, apuntada a rescatar las obras del genial guionista que hace unos años ya que no está entre nosotros.

¿Y por qué una rara avis? Tengamos en cuenta el panorama editorial de ese entonces, con la lenta pero estrepitosa caída de las dos editoriales más grandes del país como un signo de los tiempos. ¿Qué espacio quedaba para las publicaciones de tirada media o baja como los fanzines “subterráneos”? La Fierro había desaparecido, varias de las aventuras gráficas de Trillo como editor también… Eran cada vez menos las opciones para los artistas nóveles que buscaban su primera obra impresa. Y en el ’95, como si de una trinchera de resistencia se tratase, Cortés junto a varios artistas resistieron con diversas publicaciones autogestivas, que el mismo Diego se encargaba de imprimir con elementos que tenía su papá.

Se puede decir que gracias al Cazador de Jorge Lucas, la historieta nacional en los ’90 tuvo su momento “watchmeneano” de parodia con el género, pero ésta era, tal vez, un poco más descerebrada, más centrada en el shock value y de reírse bien fuerte de algunos tropos (y de varios personajes emblema que tuvo el país tanto reales como ficticios). Pero lo de Elvisman va más allá. Primero porque estaba más centrada en contar una historia única, lineal, que tiene un por qué, un universo construido alrededor y que funciona. Se puede pensar incluso que lo que cuenta esta obra podría ser una continuación lógica de lo que ocurre al final de Watchmen. ¿Cómo sería un hipotético número 13 o 14, ignorando esa herejía llamada Doomsday Clock? ¿Y si después la paz obtenida tras la resolución final venía la dictadura comandada por un superhéroe? Ya que esto es lo que vemos en el número uno de esta serie, una ciudad limpia y estéril controlada de facto por Magnánimus, una suerte de Superman de este universo. Y en medio de esta dictadura, está Elvisman, nuestro agente del caos, la otra cara de esta moneda. Un borracho mujeriego irrecuperable, que representa la “cordura” dentro de este estado de sitio. Por supuesto que el planteo que se encuentra dentro de una trama plagada de violencia, machaca e interludios musicales es bastante fuerte: ¿Cómo puede ser que el verdadero héroe sea una persona de moral dudosa, casi imposible de confiar? Pero claro, la idea tampoco es mostrar al protagonista como un héroe absoluto, sino como el antídoto contra la represión.

¿Tienen los superhéroes intachables todas las respuestas? Una escena completamente desgarradora responde esta pregunta con la negativa, cuando en un flashback, Magnánimus recuerda aquella vez que casi flaquece su modo de ver las cosas, al rescatar a un suicida. En eso duda una persona que un día fue hasta la ONU y le anunció al mundo que él se encargaría de tomar las riendas de todo, sin importar quién está de acuerdo, un fin que justifica los medios. Pero eso que uno podría ver como un antihéroe, que es Elvisman, es en realidad la reacción de la gente común cuando le ponen una correa y grilletes contra su voluntad, cuando incluso dentro de una sociedad decadente, eran libres. En el clímax de la historia, cuando la gente comienza a rebelarse, el equipo de superhéroes que acompañan al dictador quieren detener la locura, pero éste, preso en su necedad, piensa que es, en definitiva, lo que se merece la gente que busca ser libre. Detrás de los chistes guarros y de una plétora fantástica de insultos, Cortés es muy vivo y locuaz en función de lo que busca contar, el mensaje es tan fuerte y claro que no hace falta que lo subraye violentamente con obviedades, como pasa con obras posteriores a la ya mencionada de Moore.

Como bien dije, hoy Juan Ferreyra es un nombre fácil de reconocer dentro de los actuales bullpen de Marvel y DC, además de sinónimo de calidad. Pero lo que mejor demuestra esta recopilación es que el talento lo tuvo desde siempre. Por supuesto, hoy está más refinado en sus modos, pero acá se muestra cómo un as del claroscuro, con una narrativa muy interesante y bien lograda, con grandes escenas de pelea, detallista cuando tiene que serlo y minimalista cuando toca, y además, si tenemos en cuenta que cada número salía anualmente, se aprecia muchísimo cómo fue evolucionando. Sí, es fuerte el contraste con el último número a cargo de Leo Sandler, que cubrió al anterior dibujante que por tiempos y trabajo no pudo ser de la partida. Pero sin embargo, la diferencia no radica en que el rosarino sea un mal dibujante (cosa que no es cierta, es uno muy bueno), sino en la diferencia de registros, siendo Ferrerya más realista que su sucesor, menos grotesco. Aún así, Sandler es un reemplazante más que idóneo, su estilo más suelto le permite incluso meter una página en joda donde el personaje tiene una fantasía ilustrado a lo Tex Avery.

Aquellos que amamos la historieta argentina, brindemos hoy por el rescate de una obra que estuvo muy adelantada en su tiempo. Una anomalía narrativa absoluta que, podemos decir sin ningún tipo de pudor hoy, que le ganó en tiempo a obras más celebradas pero que no llegan a la genialidad de ésta. Atentos pues, a los próximos rescates que Comic.Ar hará de la magnífica obra del recordado Diego Cortés.

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