El romance según J. M. Straczynsky y John Romita Jr.

La relación entre Peter Parker y Mary Jane fue uno de los ejes centrales en la etapa de Joseph Michael Straczynski a cargo de la serie regular de Spider-Man, tanto para bien como para mal. Lo que culminó en un injusto y descarado desenlace con el “Mephistazo”, que llevó a un mea culpa del propio autor en la Marvel Comics #1000, empezó haciéndose cargo de los problemas que cualquier pareja de treintañeros a comienzos del nuevo milenio podría tener. Con una mirada adulta, aunque algo utópica a la distancia, supo poner en tela de juicio las posturas de ambos personajes y los conflictos que sus respectivas vidas podían generar. Siempre con una cuota de superheroismo para sazonar la trama que, afortunadamente, no entorpecían la tesis de su relato.

Las elecciones obvias habrían sido hablar sobre su reconciliación en “Until the Stars Turn Cold” o en su renovación de votos oficial en “Doomed Affairs”. Pero “A Strange Turn of Events” representa no solo un mero guiño al invitado en cuestión, Stephen Strange, sino también al giro que se produce en las páginas finales de Amazing Spider-Man #42, del volumen iniciado en 1999. El capítulo culmina una saga que involucraba el rapto de jóvenes en situación de calle, huérfanos o drogadictos por parte de un villano con poderes mágicos que busca volver a tener forma sólida sacrificándolos en el plano astral. Con la ayuda del Hechicero Supremo, el arácnido logra ingresar a esta dimensión, derrotar al malhechor y regresar a los menores a la realidad, pero con un terrible costo. Debido a que en dicho plano el tiempo se mueve diferente que en el mundo humano, Spidey perdió el único día en que podía verse con su amada y recomponer su relación después de trasladarse hace meses a Los Angeles para seguir su carrera como actriz.

Mary Jane era una figura presente desde el primer número que Straczynski escribió. Ya sea por menciones en eternos soliloquios del , mensajes por teléfono o conversaciones con la Tía May antes, durante y después de descubrir su identidad secreta. Es a partir de las viñetas finales de este número que su figura pasa a un primer plano, de forma tan figurativa como literal, gracias también a la proeza visual de John Romita Jr.

Luego de casi 20 páginas de misterio, pelea y hechicería, el guion da un vuelco titánico para dar pie a una secuencia . Peter, en su forma astral, no tiene manera de comunicarse con la pelirroja. Por más palabras que gaste en explicar los motivos por los que una vez más su responsabilidad interfirió con su vínculo o en hablar sobre sus planes para ese día, ninguno de sus poderes va a hacer posible su deseo. La sensación de ahogo al leer cada uno de los paneles está potenciada por los cambios de enfoques, los ademanes de ambos personajes y los rápidos pero certeros golpes que propinan los bocadillos. No hace falta una discusión ni un intercambio de insultos o planteos entre los dos. Simplemente es la comprensión de lo inevitable, lo cual resulta en una situación en la que más de uno podría llegar a sentirse parte: nada de lo que hagas va a salvar aquello que ya está roto.

Algo a resaltar en la secuencia final es la total y absoluta carencia de recursos gráficos para resaltar la imposibilidad de Spidey de comunicarse. A excepción de un coloreado fuera de registro para su clásico traje, no hay otra forma de graficar que en esos momentos, cualquier cosa que el personaje haga no va a encontrar un receptor, excepto los lectores. No hay un cambio de color en la tipografía del texto ni un cambio en la forma del globo de diálogo o un desvanecimiento del mismo, como para graficar la imposibilidad de comunicación. Incluso Romita Jr. evita en sus dibujos el recurso de que que las manos del arácnido atraviesen el cuerpo de su histórica pareja, potenciando así la sensación de oído sordo falso en Mary Jane. El resultado, buscado o no, logra que cada una de las palabras que salen de los diálogos adquieran dimensiones titánicas en el lector, sumado a una frenética cadencia en la forma de hablar del protagonista impulsada por la situación al límite. Aún con la repetición del “te amo” al final, que deja una imagen desoladora al ver a Peter atravesado por el avión en la última viñeta, algo que en otras manos podría haber tenido resultados menos elegantes.

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