El romance según Charles Forsman

En The End Of The Fucking World, el artista Charles Forsman entrega una historia sobre adolescentes enamorados enfrentados a un mundo al cual prefieren no pertenecer. Ellos son Alyssa y James, una joven rebelde y un muchacho intratable que deciden escapar de sus vidas cotidianas, encontrando en el camino a toda clase de personajes sórdidos. Lanzada originalmente entre 2011 y 2013 a través de Oily Comics (la micro-editorial que el artista creó para autopublicarse) y de manera integral por Fantagraphics el mismo año de su conclusión, esta obra despierta opiniones diversas entre un público que, por mérito propio y un inusitado éxito popular mediante, sigue expandiéndose con los años.

Dos personajes que buscan un amigo para pasar el fin del mundo. James golpea a su padre y le roba el auto para huir con Alyssa, alternando narraciones entre capítulos y comenzando un romance tan caótico como sus vidas. Durante su aventura se encuentran en situaciones salvajes, tan cerca del Infierno como lejos de la lección moral que suele venir varias veces acoplada a este tipo de historias. Pero desde su presentación, Forsman intenta apartarse lo mejor que puede de la repetición: ninguno de los dos es carismático y hasta podría decirse que son personajes desagradables, lejos del tropo de forajidos intrépidos en busca de un destino, cuyo favor con el lector está sujeto una mezcla entre la empatía y lo repulsivo del elenco secundario.

Para señalar las virtudes del comic, primero hay que volver sobre la idea de los puntos de vista y cómo funcionan en relación a la historia. Esquiva de manera simple al “narrador poco confiable” o al relato desde la visión del cautivo (que en este caso bien podría haber sido Alyssa, pintando a su novio únicamente como la figura misteriosa que ella percibe) para dejar en claro que la noción original del autor se basa en una perspectiva clara de lo que está sucediendo con sus creaciones. Esta claridad, acompañada por el trazo sencillo y ligero que maneja, es quizás lo que ayuda a resaltar la naturaleza terrible de las cosas que pasan: los momentos de más cariño entre ellos parecen entintados con velocidad y efervescencia, mientras que las secuencias más cruentas son retocadas con lujo de detalle e impregnadas por una violencia brutal. Tal es el caso del origen de James, el joven que se lastima a sí mismo para intentar sentirse vivo y mata animales a sangre fría porque algo le dice que debe hacerlo. En estos segmentos, el dibujante lista con lujo de detalles cuántos animales asesinó, cómo metió su mano en un triturador de desperdicios, el estado de sus dedos luego del incidente y las fantasías en la que asfixia a su futura novia hasta acabar con su vida. Sin estas representaciones, sin sus inseguridades expuestas, podría confundirse al chico por un ser frío e imperturbable que se convierte en un superhombre/máquina de matar ante los ojos de Alyssa. Ella es más explícitamente el producto de la falta de amor desde el hogar, con otro tipo de agencia y autoconsciencia de la situación en la que se encuentra, mucho más mesurada ante los peligros con los que se va topando. Sus miedos están fundados en la realidad que la rodea página a página, mientras que su pareja -también él sabiendo que hay “algo malo”, aunque principalmente lo note sobre sí mismo- suele actuar primero y medir las consecuencias después.

La falta de control sufrida por ambos encuentra un momento de calma cuando se meten en la casa de un hombre rico. Suponiendo que está de vacaciones y que no volverá pronto, adoptan ese hogar como propio todo el tiempo que puedan, creando una versión de paz similar a la que tenían en mente. Dos adolescentes sucios y desgarbados en contraposición a un sitio lleno de lujos, cuyo dueño representa la antítesis total de todo lo que ellos son. Forsman hace un homenaje propio sobre los comics que lo influencian, dibujando a Alyssa como una hija directa de Charles Schulz y a James como una mezcla entre Bil Keane y Dik Browne, quizás un comentario sobre qué pasaría si algo como Hi and Lois tuviese repercusiones desastrosas sobre la idealización del grupo familiar (se hacen presentes las tapas de los números originales, que con sus viñetas circulares terminan de cerrar la idea emulando a Family Circus). Para terminar de quitar la breve dulzura, el joven descubre que el dueño es parte de un culto satánico y ha torturado y asesinado a varias personas. Sin ningún tipo de remordimiento y comprendiendo que a esa vida de comodidades le queda poco, empieza a planear cómo matarlo cuando regrese.

A partir de ese momento, la confianza de la chica comienza a estar en duda; descubriendo a qué clase de persona tiene al lado, pero también sintiendo la seguridad total de estar protegida, aunque sea de la manera más violenta, contra cualquier tipo de mal que aceche su mundo.

Una virtud técnica a señalar y que será tocada cada vez que The End… salga en alguna conversación, es la velocidad con la que se mueve todo. Es cierto que el dibujo no explota en florituras, más allá de destacar por ahí algunas puestas de narrativa pura o el detalle espectacular de ciertos objetos ínfimos, puestos con precisión para contrastar con la línea minimalista que reina la obra. También es verdad que Forsman se tropieza varias veces con su propia síntesis, creando más de 150 páginas que podrían leerse en tiempo récord (práctica poco recomendable, aunque esa parece ser la experiencia entre la mayoría de lectores de The End…), solo volviendo sobre las partes en la que el autor cae por su prisa. En su necesidad de detonar el ritmo, comienza a abrir puertas que nosotros no tenemos tiempo de procesar, ni él de expandirlas. Decir que el comic vuela es quedarse corto: tiene sentido en su publicación original (capítulos de ocho páginas) que algunos personajes no sean desarrollados, incluso cuando son decisiones desenfadadas de guion que terminan cerrando la historia. Quizás el problema sea que sobre el final, cuando se entiende que el elemento más desaforado -una policía que también es parte del culto satánico, una jugada divertida pero con otro registro tonal- es lo que dará la conclusión dramática, el propio Forsman parece querer sacarse todo de encima. Aunque podría haber seguido indagando sobre la naturaleza de los adultos en la historia, figuras de autoridad totalmente cínicas y traicioneras que jamás dejarían que la pareja creciera, es el propio creador quien decide cortar en seco con el comentario para centrarse en la relación entre ellos.

Lo más maduro del historietista, debutante por ese entonces, reside en no explicar el sacrificio que los jóvenes amantes están dispuestos a hacer. Quizás también sea el sacrificio de Charles Forsman en pos del romance, finalmente mezclando los puntos de vista sobre el final y jamás dejando en claro por qué hacen lo que hacen. Puede ser por amor, por intentar escapar una vez más de la sociedad, o simplemente para tratar de entenderse. A fin de cuentas, poco importa cuando se encuentra al amor de tu vida y el fin del mundo al mismo tiempo.

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