Cuentos Inciertos: Diversas fantasías diarias

La aparición de nuevas redes sociales vinculadas a la difusión de imágenes permite que los historietistas jueguen un poco más con las estructuras y las maneras de pensar sus trabajos. Esto no es algo necesariamente nuevo, ya que la popularidad de Instagram tiene varios años y ha generado nuevas obras que se adaptaron primero a la única imagen posible para subir y, actualizaciones mediante, la posibilidad de generar una secuencia de hasta diez viñetas. A esto le sumamos primero la incertidumbre y después el aburrimiento que generó la cuarentena fruto de una pandemia, lo cual nos dio como resultado el “experimento” #DíaaDía de Alejandro Farías y Mariana Ruiz Johnson.

Este experimento, como ambos lo denominaron en sus redes sociales, comenzó el 24 de marzo del año pasado, con las primeras restricciones anunciadas, y mutó de chistes que ocupaban dos o tres imágenes a convertirse en cuentos cortos de ocho viñetas reglamentarias, que comenzaron el 12 de julio. Son estas cuarenta historias las que la editorial Maten al Mensajero recopiló en un libro denominado Cuentos Inciertos. Denominados inciertos porque así fueron esos primeros días pandémicos (¿lo seguirán siendo hoy?), y porque como destaca Farías en el prólogo, así de azarosa puede ser la vida, siempre hay algo que puede sacudir cualquier plan o seguridad que uno puede o pudo tener para el futuro. Y así como un virus cambió violentamente los planes de todo el mundo, otras situaciones inesperadas pueden hacer lo mismo.

También “incierto” porque incluso los cuentos mismos tienen “vida propia” por momentos, y así como uno se enganchó con un desarrollo tranquilo o ameno en las primeras viñetas, se puede encontrar con un remate que descoloca al momento de llegar, sea por un swipe hecho de forma digital con ayuda del dedo o con los ojos al momento de moverlos en la lectura física, el elemento sorpresa a veces, juega una carta esencial. Y así como algunos remates son diversos, también lo son los géneros abordados. El guionista se mueve con soltura dentro del realismo mágico, el terror, la ciencia ficción y el slice of life, y exprime lo mejor de estos tópicos de manera elegante, porque desemboca en la última viñeta antes mencionada sin dejar nada olvidado o incluso sin tener que hacerlo de modo abrupto, sino que todo se da para llegar de forma orgánica, e incluso se da el lujo de dejar relatos con preguntas abiertas que, claro, no se van a responder, pero aún así tiene su total encanto.

Por su lado, Ruiz Johnson acompaña con un estilo de dibujo que funciona muy bien con la fantasía que plantea Farías, dando una sensación de irrealidad en algunas historias que son más bajadas a tierra y, por supuesto, acentuando aquellas escenas donde lo inverosímil se confunde con lo cotidiano. Sin ser minimalista, lo simple del trazo hace que los cuentos más sensibles sean mucho más amenos, y cuando le toca imaginarse futuros improbables (o inciertos, para seguir con los juegos de palabras) o pensar escenas terroríficas, el resultado es algo inquietante, por cómo logra fusionar esa ternura con momentos escabrosos, donde a veces se cuenta con palabras lo que no se muestra para que la sorpresa o el shock sea mayor.

La alianza Farías y Ruiz Johnson tuvo su bautismo de fuego dentro de estos tiempos inciertos, a fuerza de entretenerse y entretener, y de sostener a lo largo de meses un nivel narrativo alto que también dio a luz a El Viaje Alucinante editado por Loco Rabia, donde dan su particular visión sobre los viajes del explorador Fernando de Magallanes.

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